El doctor Timothy Miller, profesor asistente de Cirugía Ortopédica Clínica y Medicina Deportiva y autor principal del estudio, observó las lesiones en las atletas de primera división de la universidad durante 3 años. Para ello, se valió del sistema de clasificación Kaeding-Miller que caracteriza las fracturas en una escala del 1 al 5 teniendo en cuenta diversos factores:

  1. Síntomas del paciente.
  2. Resultados de los rayos X.
  3. Resultados de la gammagrafía ósea.
  4. Resultados de la tomografía computarizada.
  5. Resultados de la resonancia magnética.

Así mismo, Miller y su equipo tomaron como referencia el IMC femenino medio (26 puntos) sugerido por los Centers for Disease Control and Prevention y establecieron el de las atletas femeninas entre los 20 y los 24 puntos. Entre las mujeres objeto de estudio, las que tenían un IMC superior a 19 puntos y lesiones de nivel 5 tardaron 13 semanas en recuperarse. Mientras, las corredoras con IMC bajo llegaron a las 17 semanas de reposo.

“Los cuerpos de las atletas deben soportar los golpes repetitivos de los pies sobre superficies duras”, explica Miller, “en el caso de las corredoras con IMC bajo, no hay suficiente masa muscular magra que disperse las fuerzas del impacto, por lo que los huesos de sus piernas son más vulnerables”.

Por ello, sugieren, tanto los entrenadores como los médicos de los equipos, deberían identificar a sus corredoras con IMC bajo e incluir ejercicios de resistencia en su entrenamiento. De esta forma, justifican “no solo se fortalecería el músculo en prevención de posibles fracturas, sino que también se añadiría masa muscular adicional”.