El estudio ha contado con la participación de 18 deportistas -11 mujeres y 7 hombres- y 12 pacientes de población no deportista -entre ellos 7 mujeres y 5 varones-. Todos ellos sufrían de tendinitis calcificada y no calcificada, espolón calcáneo o fascitis plantar, presentaban signos de dolor y se habían sometido a tratamientos previos fallidos.

Para evaluar la situación de los sujetos y su inclusión en el estudio se realizó un examen físico inicial y una ecografía diagnóstica. Tras este reconocimiento, los pacientes se sometieron al tratamiento de ondas de choque, tal como aparece en la imagen extraída del estudio. Para facilitar la colaboración médico-paciente se prescindió de anestesia, si bien se permitió el uso tópico de cremas anestésicas en el punto exacto donde incidía la onda.

La pauta de tratamiento utilizada fue de 2.000 ± 500 ondas de choque por sesión, con una intensidad de 45 ± 15% y el número de sesiones media de 3.2. Los pacientes refirieron molestias y dolor tolerable durante el tratamiento, cuyo único efecto secundario fue la equimosis ocasional en la zona intervenida.

Para evaluar el dolor a lo largo del ensayo se utilizó la Escala Visual Análoga (EVA) que llegaba a una puntuación de dolor de 9.1 antes del tratamiento y descendió a 1.8 después del mismo. Esta sensación de mejoría fue más intensa entre el grupo de población normal, que mostró síntomas de una mejor evolución en el período de tiempo evaluado.

La técnica de ondas de choque, ampliamente utilizada en ortopedia y traumatología, tiene un efecto analgésico, contribuye al desarrollo de burbujas de cavitación y estimula las reacciones metabólicas de los tejidos, si bien está contraindicada en casos de infección, tumor, embarazo, uso de medicación anticoagulante y otros supuestos.