Investigadores del Instituto Ortopédico Galeazzi en Milán (Italia) realizaron un experimento con 29 voluntarios: 17 de ellos eran corredores entrenados que se sometieron a una carrera de 65km y 12 más que, sin ser deportistas, realizaron una serie de ejercicios moderados.

Antes y después de la gimnasia de unos y la maratón de montaña de otros, los científicos midieron los niveles de insulina, leptina y glaucón, todas ellos indicadores de las necesidades energéticas corporales y sustancias implicadas en la regulación del metabolismo.

Así mismo, se analizaron las hormonas de asociación de energía y dos componentes óseos esenciales, el P1NP y la osteocalcina. Los niveles de ambas sustancias, junto con la insulina y la leptina cayeron en picado al finalizar el esfuerzo, mientras las tasas de glaucón habían subido.

Sin embargo, las cifras de P1NP caían igualmente cuando el grupo de corredores entrenados permanecía en reposo. Ante estos datos, los investigadores concluyeron que los atletas pueden “desviar” la energía a partir de la formación del hueso para alimentar la demanda energética metabólica.

La osteocalcina podría tener un rol determinante en la ganancia de salud ósea, ya que estudios anteriores han demostrado que se comunica con las células beta en el páncreas, que regulan el metabolismo de la glucosa del cuerpo.

“Debido a que correr implica una carga física más alta en el hueso, a diferencia de la natación o el ciclismo, podría ser que estas fuerzas estimulen el tejido óseo a la señal del páncreas para ayudar a satisfacer las necesidades de energía a largo plazo”, según el autor de la investigación Giovanni Lombardi.

En dichas investigaciones previas, también se especifica que los ciclistas que compiten en condiciones de ultra resistencia desarrollaron una reabsorción ósea crónica, en la que el calcio de los huesos se perdía en el torrente sanguíneo.

"Nuestro trabajo ha demostrado que los huesos no se limitan a mantenerse inactivos, sino que están permanentemente comunicándose, de forma activa, con otros órganos y tejidos para conducir las necesidades de energía del cuerpo”, según declaraciones publicadas por la European Society of Endocrinology.

El estudio ha concluido, por tanto, que los riesgos de fractura están vinculados a las condiciones de interacción entre el metabolismo y los huesos. “Todo el mundo debe hacer ejercicio moderado para mantener la salud”, dice Lombardi, “pero nuestros resultados sugieren que las personas con riesgo de debilitamiento óseo deberían corren en vez de nadar o montar en bicicleta”.