Los resultados, señala el Incliva, muestran que el ejercicio físico puede retrasar la fragilidad, un síndrome asociado a la edad. La investigación se ha publicado en la revista Journal of Gerontology y tiene como finalidad desarrollar intervenciones en animales con potencial como para trasladarlo a la práctica clínica.

La fragilidad, recuerda el estudio, es un síndrome geriátrico que afecta a cerca del 15% de los mayores de 65 años. La vulnerabilidad del que la padece hace que aumente el riesgo de eventos adversos como:

  1. Mala calidad de vida.
  2. Discapacidad.
  3. Institucionalización.
  4. Mortalidad.

En esta investigación, sus responsables han realizado un test de fragilidad en animales basado en el Criterio de Fried, el método más empleado en la práctica clínica para conocer el grado de esta afección. Este test permite establecer la fragilidad como la presencia de varios factores en el paciente: debilidad, inactividad, fatiga crónica, pérdida de peso y reducción de la velocidad de la marcha.

Con el objetivo de evaluar cómo puede retrasar la fragilidad el ejercicio físico, los investigadores midieron todos estos parámetros en los ratones a lo largo de toda su vida comparando 2 grupos: uno con un estilo de vida sedentario frente a otro con un estilo de vida activa. Los resultados en el modelo animal confirmaron que el ejercicio físico es capaz de retrasar la fragilidad de forma significativa.

Según concluyen, la fragilidad es un síndrome geriátrico no solo prevenible, sino también reversible. En un reciente ensayo clínico, recuerda el Incliva, se ha demostrado que un programa de ejercicio físico es capaz de revertir la fragilidad en humanos.