El caso, creado por el estudiante Jake Merrell, cuenta con un acolchado especial que contiene nanopartículas de níquel. Cuando el impacto comprime la espuma y su contenido se genera una carga de electricidad estática que, a través de un electrodo conductor, llega a un microordenador instalado en el mismo casco. Cuanto mayor es el golpe, mayor es también el impulso eléctrico.

De esta manera, el casco puede medir la aceleración, la velocidad y la energía de impacto para, a partir de estos parámetros, identificar la ubicación y la gravedad de la conmoción cerebral. Esta información es reenviada, en tiempo real, al dispositivo móvil de los entrenadores o responsables del jugador.

La gran novedad de este casco, según Merrel es que “los sistemas disponibles en el mercado miden directamente la aceleración, pero ese dato no es suficiente y puede, incluso, ser erróneo”. Mientras “nuestros sensores tienen en cuenta más parámetros, algo vital para diagnosticar mejor las lesiones en la cabeza”, justifica el ingeniero. 

“Hasta la fecha, nadie, ni siquiera la National Football League (NFL) ha sido capaz de medir con éxito la energía y la velocidad de impacto, 2 datos necesarios para medir con precisión si un jugador está en riesgo de conmoción cerebral o no”, argumenta Merrel, quien también ha desarrollado una serie de chalecos inteligentes para luchadores de taekwondo.