"Es muy común que los atletas permanecan en juego después de haber experimentado síntomas de conmoción cerebral y continúen recibiendo impactos en la cabeza”, denuncia en declaraciones a Sciende Daily el autor del paper, Derrick Oaxaca. Y es que, reanudar la actividad deportiva sin haberse recuperado de una conmoción puede derivar en daño cerebral permanente e, incluso, la muerte.

A pesar de la peligrosidad, se trata de una práctica habitual entre los equipos de fútbol americano, tanto que casi un tercio de quienes practican este deporte han sido diagnosticados de conmoción cerebral y aun así han seguido corriendo el riesgo de lesiones cerebrales adicionales.

“Hoy en día, muchos jugadores retirados que experimentaron lesiones repetitivas durante sus carreras, sufren de encefalopatía traumática crónica, una enfermedad degenerativa del cerebro vinculada a la demencia, la depresión y el suicidio”, advierte. Los autores esperan que, gracias al uso del casco inteligente, los jugadores decidan abandonar el campo a tiempo.

El siguiente paso será promocionar la venta del dispositivo en tiendas deportivas, implementarlo en todos los programas universitarios y concienciar a los padres y tutores de los jóvenes deportistas. “Imagine que los padres pudiesen recibir en su smartphone una notificación informando de que su hijo ha recibido un golpe en la cabeza… se preocuparían más por su seguridad y ayudarían a garantizar que el niño reciba la atención adecuada”, argumenta el autor.

En definitiva, “queremos evitar la acumulación de tau en los cerebros de nuestros atletas; queremos eliminarla de toda la ecuación". Es precisamente tau, la proteína dañina cuyos niveles se disparan tras una conmoción, la que ha dado nombre al invento. El casco Minus Tau hace referencia a la necesidad de reducir al mínimo la acumulación de este tipo de prótidos en los cerebros de los futbolistas.