El síndrome de burnout es un estado emocional, físico y mental de cansancio extremo en relación al trabajo y la actividad laboral. Este estado se traduce en una falta de motivación y una reducción de la productividad. Los síntomas más frecuentes del síndrome de burnout son la ansiedad, la enfermedad cardiovascular, trastornos en el sistema inmunitario, insomnio y depresión.

El estudio, coordinado por las universidades de Zurich y Leipzig, ha demostrado que las necesidades individuales de los empleados, que ellos denominan motivos implícitos, juegan un papel importante en la aparición del síndrome de burnout. Los investigadores se centraron en 2 tipos de motivos: el motivo de poder y el de afiliación.

Según los resultados, el riesgo de sufrir el síndrome de burnout se incrementa cuando se produce un desajuste entre las características del trabajo y el motivo implícito. A modo de ejemplo, los investigadores explican que el desajuste entre las necesidades y las oportunidades laborales puede producirse en el caso de un director de empresa al que se le exige que lidere un equipo y este no disfruta ni siendo el centro de atención ni el líder de un grupo.

El síndrome de burnout no solo tiene consecuencias sobre la salud de los empleados, sino que supone unos costes económicos asociados a la falta de motivación, la baja productividad y el absentismo. Así, según señala el estudio, este coste puede ascender hasta los 272 billones de euros al año en el caso de las empresas europeas.

Los investigadores sugieren en este estudio que las intervenciones para prevenir o reparar dichos desajustes podrían aumentar el bienestar en el trabajo y reducir el riesgo de agotamiento. En su opinión, seleccionar a los demandantes de empleo en función de sus motivos implícitos puede ser el punto de partida para solventar este desajuste.