Tal como especifica la revista especializada British Journal of Ophthalmology, todos los voluntarios, procedentes de Italia, España, Reino Unido, Francia y Alemania, tenían más de 40 años, no llevaban lentes de contacto y habían usado a diario lágrimas artificiales durante los últimos 6 meses.

Tras responder a una serie de cuestiones sobre el historial de su enfermedad, los tratamientos prescritos, el estado general de la vista y la percepción de su calidad de vida, los investigadores concluyeron que un 40% no recibió el diagnóstico cuando aparecieron los síntomas y, de estos, un 28% no lo obtuvo hasta pasado un año.

Así mismo, más del 30% de los sujetos de estudio se vio obligado a acudir a más de un especialista antes de obtener una respuesta sobre sus síntomas. Concluyeron también que la mayoría de los encuestados considera su condición como una “molestia”, sin embargo, casi el 33% la llega a definir como una enfermedad discapacitante.

Los más propensos a admitir una interferencia de la enfermedad en su calidad de vida resultaron ser aquellos que utilizaban tratamientos sintomáticos más de 3 veces al día y quienes fueron diagnosticados de forma más tardía. En este sentido, los entrevistados señalan inconvenientes como tener que usar gafas de sol, incluso en interiores y oficinas.

En estos entornos también puede resultar especialmente molesto o doloroso el funcionamiento de aires acondicionados. De la misma manera, estos pacientes encuentran difícil conciliar su vida laboral con el daño que les provoca leer textos o fijar la vista en pantallas.