“La exposición prolongada a ruidos intensos puede desembocar en hipoacusias o pérdidas precoces de audición”, resume el doctor Juan Mayor, en una nota de prensa. Sin embargo, la exposición breve a ruidos fuertes también puede provocar lesiones auditivas graves, recuerda el médico del IMQ. Así, por ejemplo, el manejo irresponsable de martillos neumáticos, taladros o pistolas de clavos puede dar lugar a una rotura de tímpano.

Por otro lado, la exposición al ruido puede llegar a generar en el trabajador estados de nerviosismo que disminuyan su calidad de vida. “Además de dificultar la comunicación, el ruido puede aumentar la probabilidad de errores en el desempeño de la tarea y, con ello, la posibilidad de sufrir accidentes laborales”, ejemplifica Mayor. Para evitar la siniestralidad asociada al ruido, IMQ ha elaborado una serie de consejos:

  1. Rotar los puestos de trabajo.
  2. Educar a la plantilla en higiene auditiva.
  3. Reducir el tiempo de exposición al ruido.
  4. Realizar controles audiométricos periódicos a los trabajadores.
  5. Llevar a cabo evaluaciones específicas del ruido en el entorno laboral.
  6. Utilizar equipos individuales de protección como cascos, tapones u orejeras.

85 decibelios

“Los protectores auditivos, deben usarse durante todo el tiempo que dure la exposición al ruido”, reitera el experto; además, “existen diferentes tipos que permiten la adaptación a cada caso”. Aunque su uso es siempre recomendable, a partir de los 85 decibelios se vuelve imprescindible y obligatorio. “Es una medida preventiva que cuesta muy poco y puede proteger mucho”, sentencia.  Aunque en la mayoría de los casos el ruido es un efecto no deseado, “debemos considerarlo un factor más de contaminación ambiental”, concluye el experto.