Arturo Hernández, profesor de Ingeniería Química de la Universidad de Puerto Rico, liderará esta investigación para que la salud de los astronautas se vea perjudicada lo menos posible en situaciones de ausencia de gravedad. El objetivo es reducir las concentraciones de dióxido de carbono lo máximo posible, que son de 5.000 mil partes por millón frente a las 400 que hay en la Tierra.

Estas altas concentraciones de dióxido de carbono provocan migrañas que, a día de hoy, se solucionan con la administración de medicamentos a los cosmonautas. Si los astronautas respirasen aire puro, reducirían la ingesta de fármacos durante las misiones de larga duración y sus condiciones de trabajo mejorarían, tal y como pidió la División de Medicina Fisiológica de la NASA.

Arturo Hernández explicó que este proyecto será posible gracias a un sistema de medición de niveles todavía en desarrollo. También afirmó que el dióxido de carbono se puede reducir en un laboratorio y averiguar cómo hacerlo en una estación espacial para que los astronautas puedan respirar aire puro es cuestión de tiempo.

En esta investigación también colabora la compañía TDA Research (Colorado) que facilitará las reducciones gracias a un sistema de alta eficiencia. La primera fase del proyecto tendrá un año de duración, y la segunda se prevé que dure 3, ya que supone una mayor cantidad de fondos para producir tecnología.