Así lo ha afirmado la doctora Jumana Autoun, del Departamento de Medicina Familiar de la Universidad Americana de Beirut (Líbano), cuyo estudio trata de explicar los “prometedores beneficios” de la gestión a través del correo electrónico y resolver las reservas del colectivo frente a esta tecnología.

La comunicación médico-paciente “ya no se limita al cara a cara” especialmente si se tiene en cuenta “la globalización, el aumento de la conciencia de los pacientes para controlar su estado de salud o la falta de especialistas en las áreas rurales”, resume la investigadora. Sin embargo, “los médicos rara vez usan el correo electrónico”.

Según numerosas encuestas y estudios, existe un gran contraste entre las cifras de profesionales que dicen estar interesados en este método y los que realmente lo ponen en práctica. “Algunos están a la espera de pruebas que apoyen el rendimiento del servicio, mientras otros simplemente no creen que los pacientes lo necesiten”.

Autoun ha estudiado diferentes variables, entre ellas las características de los médicos: los más jóvenes o residentes en zonas urbanas se muestran más abiertos a utilizar la comunicación online. Por otro lado, los pacientes más motivados para dar uso al sistema habían sido previamente invitados a ello por sus médicos de familia.

La investigadora ha querido destacar algunos grupos especialmente interesados en el uso del mail, como pacientes sordos, personas inválidas sin posibilidad de abandonar el hogar o aquellos que viven en zonas aisladas sin servicios médicos estandarizados.

Entre los más recelosos se encuentran minorías étnicas de origen asiático, mujeres de raza negra y personas de la tercera edad, estas últimas por su falta de conocimiento de las nuevas tecnologías y el difícil acceso a internet. Precisamente en este sentido, debería introducirse el correo electrónico médico “por cuestiones de equidad”, afirma.

Por otro lado, las grandes preocupaciones de los profesionales son el aumento de la carga de trabajo, el carácter de servicio no remunerado de las consultas por mail, así como cuestiones legales y de confidencialidad. “Curiosamente, aún no se ha demostrado que la comunicación médico-paciente por correo aumente las tareas, de hecho, los primeros usuarios han reportado sólo de 2 a 5 correos diarios”, justifica.

Respecto al salario, “el 42% de los pacientes estarían dispuestos a pagar una pequeña cuota para tener a sus médicos más accesibles”, ha argumentado Autoun. Actualmente, algunos centros de salud de EE.UU. han desarrollado un sistema de incentivos para premiar la comunicación médico-paciente.

En cualquier caso, el apoyo gubernamental es “crucial”, asegura la investigadora, quien pone de ejemplo a daneses y alemanes. En definitiva, “necesitamos investigar más para comprender los factores que explican la adopción lenta y la escasa utilización del correo electrónico, y poner a prueba las oportunidades disponibles en la actualidad”, concluye Autoun.