El pasado miércoles, MedLab.email asistió al seminario sobre ChemSex impartido por la Cátedra de Salud, Crecimiento y Sostenibilidad MSD-UIMP y la Cátedra de Enfermedades Infecciosas y Vacunología de la Universidad Rey Juan Carlos URJC-MSD. En este seminario se abordó la práctica del sexo químico como una cuestión de salud pública dado el número, cada vez más frecuente, de personas que usan las drogas para potenciar y alargar las relaciones sexuales.

2 de los médicos ponentes en esta charla, el doctor Ignacio Pérez Valero, del Hospital Universitario La Paz de Madrid, y José Luis Blanco Arévalo, del Hospital Clinic de Barcelona, acaban de publicar un libro titulado 99 preguntas clave sobre ChemSex, editado por GESIDA y patrocinado por el laboratorio MSD. En este manual, se responde a las cuestiones básicas que hay que saber sobre este fenómeno.

Los expertos apuntan que el ChemSex comenzó a detectarse hace 10 años en el colectivo homosexual de Estados Unidos y llegó a Europa desde Reino Unido. Según el libro, las drogas más usadas en esta práctica son la mefedrona, la metanfetamina y el GBH, aunque el policonsumo de otro tipo de sustancias también es algo habitual para que las sesiones sexuales duren varios días.

Perfil de consumidor

El consumo de ChemSex, según apunta este libro, se da más entre hombres con otros hombres y un 29 y 37% son pacientes VIH+. Desde la cátedra señalan que el perfil del consumidor es un paciente varón, con estudios universitarios, buena posición social con falta de autoestima, que se siente solo y está estigmatizado por ser VIH+, unos rasgos bastante alejados, como bien quisieron dejar claro los autores, del perfil drogodependiente habitual.

El ChemSex implica muchos problemas asociados: adicción a las drogas, enfermedades de transmisión sexual e interacciones con los tratamientos antirretrovirales en pacientes VIH+. Como dato alarmante, señalan que Madrid, Barcelona y Valencia son las ciudades europeas con más prevalencia de esta práctica.

Los médicos advierten de la necesidad de entrevistar al paciente en un entorno privado, pese que la mayoría de ellos no quiere hablar sobre este tema. Los autores del libro animan a la proactividad en el diagnóstico sin emitir juicios de valor, dan unas pautas para establecer el marco ideal en que se desarrolle la conversación y señalan las pautas generales para el tratamiento.