Así lo ha defendido un equipo de investigadores del Beth Israel Deaconess Medical Center y el Hebrew SeniorLife Institute for Aging Research (EE. UU.) Los científicos consideran esencial la coordinación entre geriatras, ortopedas y médicos de familia, especialmente a la hora de abordar el tratamiento farmacológico.

“En primer lugar, los médicos deben considerar la reducción o interrupción del uso de drogas relacionadas con un mayor riesgo de caídas; especialmente medicamentos psicotrópicos, como pastillas para dormir, sedantes y antidepresivos que pueden causar mareos o pérdida del equilibrio”, resume Sarah D. Berry, autora del paper.

Estudios previos, muestran que más del 85% de los ancianos que sufrían una fractura de cadera, muñeca o antebrazo se encontraban consumiendo este tipo de fármacos durante los 4 meses anteriores y posteriores a la caída. “Dada la evidencia que une los medicamentos psicotrópicos con el riesgo de accidente, es alarmante que su uso no disminuya tras la primera fractura” recalca Berry.

“Puede que los especialistas estén evitando abordar el tema de la reducción de estos fármacos, basándose en la idea de que los pacientes son dependientes de ellos”, sugiere, sin embargo, investigaciones previas apuntan todo lo contrario. Un 38% de los pacientes encuestados decidieron suspender el consumo de psicotrópicos tras leer un sencillo folleto sobre los riesgos asociados a la benzodiacepina sedante.

“En segundo lugar, los médicos deben dar prioridad a la prescripción de fármacos preventivos”, apunta el coautor Douglas P. Kiel. En este sentido, la Fundación Nacional de Osteoporosis recomienda medicamentos para retrasar la descomposición de la masa ósea o aumentar la creación de hueso nuevo, a todos los adultos mayores de 50 años que ya hayan sufrido una fractura. Menos del 25% de la población indicada sigue estos consejos.

"Casi todos los profesionales están de acuerdo con la importancia de la revisión de la medicación tras fractura, pero la cuestión es quién debe hacerlo", advierten, “los médicos de Atención Primaria no suelen ocuparse del tratamiento inmediato de una fractura… pero los traumatólogos pueden no tener la relación necesaria a largo plazo con el paciente para tomar decisiones de riesgo, que puedan incidir por ejemplo en su estado de ánimo o su ciclo de sueño”.

Tal como recoge la revista especializada Archives of Internal Medicine, los investigadores consideran “imperativo” que los distintos especialistas trabajen juntos para reducir la brecha en el tratamiento y las fracturas secundarias “de consecuencias devastadoras”. Así mismo, animan a los pacientes fracturados a “iniciar una discusión con sus médicos acerca los riesgos y beneficios de los distintos tratamientos farmacológicos”.