Son las opiniones que recogido el departamento de Medicina Familiar de Hospital Materno Infantil y el Instituto de Seguridad Social del Estado de México tras un estudio descriptivo, transversal y observacional que consultó a médicos voluntarios de las especialidades de Ginecología y Obstetricia, Cirugía General, Medicina Interna y Pediatría.

El cuestionario, de 13 preguntas tanto abiertas y narrativas como cerradas, sirvió para entrevistar a medio centenar de profesionales. Aunque todos ellos provenían de reputadas instituciones de educación superior, sólo el 52% había rotado con médicos de AP durante su formación.

Entre aquellos que sí tuvieron la oportunidad de tratar con médicos de cabecera, un 23% afirmó haber vivido una mala experiencia. Un caso concreto -cirujano general- refirió que su estancia “nunca fue de utilidad, ya que la especialidad es simplemente de carácter resolutivo”, según recoge el paper.

Al preguntar sobre el contenido específico del trabajo, solo un 38% del total “acertaron” en sus respuestas, mientras el 46% confundía la especialidad con la de Medicina Preventiva y de Salud Pública; el 16% restante definió esta atención médica como de tipo “únicamente biopsicosocial”. Algunos entrevistados llegaron incluso a expresarse en términos de descalificación:

“Es una especialidad disfrazada; les falta capacitación y muchas veces también les falta compromiso con su paciente ya que eluden la responsabilidad al referirlo a otra especialidad”, dijeron, “su formación consiste en rotar por diferentes servicios de los hospitales y eso hace que su preparación sea deficiente”.

Edgar D. Godínez-Tamay, médico de familia, docente y autor del estudio, ha concluido que el problema se gesta en la formación de pregrado, debido a que “no se identifica la Medicina Familiar como una asignatura per se, como si ocurre con las demás” ni se despierta el interés de los alumnos, que prefieren ramas menos generalistas.

El resultado es “una respuesta tímida, con poca definición o compromiso por parte de las facultades de medicina, carentes de una metodología científica o un plan de estudios en AP”, lamenta Godínez, “mientras la formación no cambie, la percepción de los otros especialistas tampoco cambiará”, resuelve.

El estudio también ha referido ejemplos de otros países, entre ellos Canadá. Encuestan previas demostraron un creciente interés entre médicos recién graduados por dedicarse a la especialidad de AP; el motivo, según interpreta Godínez, es que habían tenido contacto con “excelentes tutores” de Medicina Familiar durante su formación.

“Somos especialistas en la atención, la prevención y la promoción de la salud; en el diagnóstico y tratamiento precoz; en enfermedades agudas y crónicas, en el manejo de problemas de salud mental y en las formas de apoyo a nuestros pacientes para morir con dignidad”, recuerda el docente, y sin embargo, “probablemente, parte de la falta de consolidación de la AP en México se deba a que los médicos familiares no hemos creído en nosotros mismos”.