Un 71% de los profesionales encuestados, en su mayoría mujeres médicas de entre 30 y 45 años, opina que también los estudiantes de otras especialidades médicas deberían experimentar la atención en el medio rural. “Hemos observado que hay una percepción generalizada de que las virtudes de trabajar en el ámbito rural superan los inconvenientes”, apuntan los autores.

Entre las ventajas, los profesionales de la sanidad destacan “la posibilidad de ofrecer una atención integral al ciudadano, la alta calidad de vida personal, la autonomía en la toma de decisiones y el reconocimiento de los usuarios”. Frente a esta gratitud social y la garantía de un menor estrés aparecen ciertos aspectos negativos, como el aislamiento profesional.

La separación laboral de estos médicos dificulta también el acceso a actividades formativas y la participación en proyectos de investigación; además, “la relación entre AP y Pediatría es más complicada en el ámbito rural que en el urbano”, señalan los encuestados.

El perfil del médico rural

Un 58% de los médicos rurales de familia atiende a más de un consistorio local, mientras 1 de cada 4 debe desplazarse, al menos, 20 minutos para llegar al hospital más cercano. El 50% asegura coincidir con otro profesional de la medicina, al menos, una vez a la semana.

El sondeo, publicado en el Butlletí de l’Atenció Primària de Catalunya, también recoge que, en 3 de cada 4 ocasiones, el ámbito rural es un destino escogido voluntariamente por el profesional, aunque un 68% del total ha trabajado anteriormente en algún centro urbano.