Determinadas situaciones, como el fallecimiento de un niño, el suicidio, la muerte violenta o inesperada, son más difíciles de superar y pueden desencadenar un episodio de duelo patológico. Según explica Juan Uribe, psicoterapeuta de IMQ AMSA, en un duelo normal “se experimenta confusión, tristeza, enfado, añoranza… pero, poco a poco, se va aceptando esa nueva realidad”.

Sin embargo, quien sufre un duelo patológico puede padecer depresión, angustia, insomnio, autorreproches, pensamientos intrusivos, fatiga, aislamiento o apatía, añade este especialista. Además de las situaciones mencionadas anteriormente, el duelo patológico puede aparecer en aquellas personas que tengan antecedentes de depresión, una limitada red de apoyo socio familiar o una relación de dependencia con el difunto.

En este sentido, IMQ AMSA recuerda la importancia de acudir a la consulta del psicoterapeuta cuando se sufra un duelo patológico. La finalidad de esta intervención, explica, es ayudar a la persona a aceptar esa pérdida, expresar el dolor que sufre y poco a poco, sin prisas, ir vislumbrando una vida sin el ser querido para volver a conectar con la vida y las ganas de seguir viviendo.

“Se trata de no quedar muerto en vida” sino seguir adelante porque cuando se va un ser querido también se lleva con él partes nuestras que nos dejan vacíos y tenemos que poder ir rellenando con aspectos nuevos que nos revitalicen”, señala el experto de IMQ AMSA.

La terapia grupal es otra alternativa igualmente eficaz. Uribe asegura que escuchar a personas que están pasando por lo mismo supone un importante apoyo. Además, hay que tener claro que se deben respetar los tiempos del doliente y no forzarle a que pasen página ni se animen, sino acompañar y darles el tiempo que necesiten sin presionar.