Según la agencia EFE, para llevar a cabo este estudio, 2 equipos del Servicio de Atención Primaria Alt-Penedès-Garraf compuestos por médicos, enfermeras y farmacéuticos de Atención Primaria revisaron los planes de medicación de 1.759 personas en 22 residencias geriátricas y 2 centros de discapacitados. En 1.039 casos recomendaron cambiar o retirar algunos de los medicamentos.

En el 53% de los casos la modificación de la medicación se debía a que el paciente requería una pauta más adecuada a su situación clínica, mientras que en el 24% se modificó porque el fármaco que se estaba utilizando no estaba indicado. Los antipsicóticos, ansiolíticos, analgésicos, antihipertensivos, antidepresivos y diuréticos con los medicamentos que más se retiraron en las revisiones de la medicación.

En 8 de cada 1.000 tratamientos modificados, el cambio fue debido a la presencia de alguna reacción adversa o efecto secundario, entre ellas 2 intoxicaciones por digoxina, somnolencia, hipotensión e intolerancia gástrica, asegura el estudio.

Ante esta situación, los farmacéuticos de Atención Primaria consideran que es indispensable adaptar la terapéutica a la situación y las necesidades reales de cada paciente institucionalizado, ya que según Isabel Rosich, una de las autoras del trabajo, “este tipo de pacientes suelen ser personas mayores y con múltiples comorbilidades cuya situación clínica cambia y evoluciona más que en la población de menor edad”.

Además de revisar la medicación de estos pacientes, al menos, 2 veces al año, los farmacéuticos recomiendan supervisar periódicamente aquellos aspectos de seguimiento clínico y seguridad farmacológica más susceptibles de desencadenar un efecto adverso. Este tipo de controles permite identificar medicación que se ha ido acumulando a lo largo del tiempo y que ya no es necesaria, es inadecuada o, incluso, perjudicial para el paciente, señala la SEFAP.