El ejercicio físico mejora y reduce los síntomas del síndrome de Marfan a pesar de que, hasta ahora, se desaconsejaba en los pacientes que padecían esta patología. Un trabajo conjunto de la Universidad de Barcelona y del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS) ha analizado el vínculo entre la actividad física regular y la progresión del aneurisma de aorta en ratones. Los resultados se publican en la revista Journal of the American Heart Association.

El deporte incrementa la cantidad de sangre que expulsa el corazón, lo que afecta a la primera estructura que se encuentra en la salida del corazón: la arteria aorta. “Hasta ahora se pensaba que este impacto mecánico, junto con un aumento de la presión arterial, podría tener efectos perjudiciales sobre una aorta ya debilitada, como es la de los pacientes con síndrome de Marfan, y que, por tanto, esta se dilataría más rápidamente si el paciente hacía ejercicio físico”, asegura Gustavo Egea, autor del estudio.

“Los nuevos resultados vienen a desmentir un concepto clínico asumido sin ninguna evidencia experimental que lo sustanciase: el que todo tipo de ejercicio físico aumentaba el riesgo de aceleración en la progresión del aneurisma”, explica Gustavo Egea. “No hemos afrontado los efectos de un ejercicio más intenso y de larga duración, ni tampoco podemos aplicar nuestros resultados a otros tipos de ejercicio que no sea de resistencia, como por ejemplo a ejercicios de fuerza”, matiza.

Los investigadores observaron que los ratones con síndrome Marfan que no hacían ejercicio tenían una mayor dilatación (el doble) de la arteria aorta que la de los ratones no enfermos. Los que realizaron ejercicio físico disminuyeron la progresión de dicha dilatación hasta niveles comparables a la de los no enfermos. Asimismo, los que realizaron actividad física redujeron el tamaño del corazón (hipertrofia cardiaca) respecto a los ratones que no realizaron ejercicio físico.

Los investigadores son prudentes al subrayar que el “trabajo abre la puerta a realizar estudios en humanos, pero no avala de forma directa la recomendación no selectiva de ejercicio físico en pacientes con síndrome de Marfan”, explica Egea. Por este motivo, es importante realizar ensayos clínicos para conocer los beneficios cardiovasculares que tendría la práctica de deporte de forma regular.