Después de conocer cómo se sentían los participantes, se informó de que el 31,16% sentía abrumación por falta de descanso; el 21,40% se lamentaba de haber engordado; el 16,28% sentía que no había aprovechado bien las vacaciones estivales; el 15,81% estaba preocupado por todo lo que había gastado; el 87,37% por los préstamos bancarios; y el 6,98% se mostró preocupado por haber perdido la forma física.

Este estrés posvacacional se manifestaba en los voluntarios en forma de desgana, tristeza y apatía, por este orden. Tal y como se desprende del estudio, la duración variaba con síntomas durante una semana (46,51%), un día (30,23%), 15 días (15,81%) o un mes (8,84%). Más de la mitad aseguraba tener dificultades para conciliar el sueño y tener un sueño reparador tras la vuelta al trabajo.

Pensamiento positivo

Gonzalo Peñaranda, director general de Aora Health, explicó lo sensible que era el ser humano a los cambios, y comentó que el estrés posvacacional tiene un origen multifactorial. También señaló que todo lo que supone una vuelta a la realidad, como las responsabilidades, horarios más estrictos, falta de tiempo…, costaba asimilarlo de nuevo.

"Lo que supone el retorno a la realidad, a las obligaciones, las responsabilidades, los horarios, la falta de tiempo para hacer lo que nos gusta… y también la mala conciencia por los excesos cometidos, como gastar y comer más de lo deseable y sus consecuencias”, comentó Peñaranda.

Peñaranda insistió en la importancia de aplicar estrategias de bienestar para afrontar bien el otoño y lo que esto implica (lluvia, frío, falta de sol). El pensamiento positivo para sentirnos agradecidos por tener un trabajo, según dijo, era la mejor manera de abordar la situación, acompañado de la práctica de algún deporte o actividades que ayuden a la mente.