El wearable ha sido desarrollado por investigadores de la National Science Foundation’s Nanosystems Engineering Research Center for Advanced Self-Powered Systems of Integrated Sensors and Technologies (ASSIST) en la Universidad Estatal de Carolina del Norte (EE.UU.)

El parche deberá situarse en el pecho del paciente, desde donde podrá medir la frecuencia cardiaca y respiratoria, la cantidad de oxígeno en sangre, la impedancia de la piel y las sibilancias en los pulmones.

La pulsera, por su parte, se centrará en el control de factores de tipo ambiental, como la presencia de compuestos orgánicos volátiles, la cantidad de ozono en el entorno, la temperatura ambiente y los niveles de humedad.

Sensores adicionales en la muñeca registrarán también el movimiento del paciente, la frecuencia cardiaca y el oxígeno en sangre. Mientras el espirómetro servirá para medir la función pulmonar una vez al día.

De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, esta pulsera podría beneficiar a los más de 40 millones de personas que sufren de asma solo en EE.UU. y que, hasta hoy, dependen de inhaladores para controlar los accesos de asfixia.

“Nuestro objetivo era diseñar un sistema portátil que pudiese realizar un seguimiento del bienestar de los sujetos y, en particular, proporcionar la infraestructura para predecir los ataques de asma y que los usuarios puedan tomar medidas", ha resumido el investigador principal, Alper Bozkurt.

"La singularidad de este aparato no es más que la integración de varios sensores en un dispositivo wearable", ha añadido la co-autora Veena Misra. Su compañero James Dieffenderfer también ve una ventaja en la simplicidad del dispositivo.

"La prevención podría ser mucho más simple, tanto como refugiarse en un interior o tomarse un descanso durante una rutina de ejercicios”, además, HET “recoge información más precisa de cada paciente”.

Los sensores pueden transmitir los datos de forma inalámbrica a un software específico recoge, registra y analiza las cifras sobre el bienestar del usuario.

Entre las ventajas de la pulsera se cuenta un mínimo gasto de energía, compatible con la generada por el propio cuerpo humano “lo que converge con la filosofía de ASSIST para utilizar directamente esta energía humana en un futuro”, dice Misra.

A lo largo de este verano, el equipo dará comienzo a una serie de pruebas con voluntarios asmáticos y un grupo de control, para redefinir los factores fisiológicos y ambientales que realmente influyen en la generación del ataque.