“Nos ha llevado a la huelga el total descuido de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid del servicio público de salud, en concreto hoy de sus profesionales médicos”, aseguraba Eduardo Olano a MedLab.email en la concentración convocada el viernes por la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (AMYTS) a las puertas de la administración regional de salud.

De acuerdo con este médico de familia gallego, que ejerce en un centro de salud de Alcorcón, ese descuido se traduce en “una insuficiencia de plantilla, un descontento generalizado, una sobrecarga asistencial y una imposibilidad de llevar a cabo las directrices de la consejería y las que el propio sentido común obliga a un médico para atender a sus pacientes”.

Una situación, aseguraba el facultativo en huelga, que afecta a la calidad de la atención de manera inevitable. “Imagínate que tienes un conductor de autobús que, en vez de conducir durante 8 horas, tiene que conducir durante 16, sin descansar, sin salir al cuarto de baño… Ese conductor será más propenso a los accidentes, ¿no?”.

“Un médico que tiene que estar durante 5 horas atendiendo a 60 pacientes, sin tener posibilidad de descanso, día tras día, con trabas burocráticas, con problemas materiales… no va a resolver los problemas de los pacientes igual que un médico que tenga acceso a una historia clínica de su paciente en el hospital, a pruebas complementarias según el propio catálogo de la Consejería o a descansar cada 2 horas, como hacen nuestros compañeros ingleses”, relataba.

Hay compañeros, por el contrario, que no están de acuerdo con esa afirmación. “Somos médicos y a los pacientes les atendemos igualmente, de eso se valen, saben que lo vamos a hacer bien igualmente”, afirmaba Rosa Echarri, médica del Hospital Infanta Leonor. “A los pacientes no les repercute, nos repercute a nosotros”, coincidía Pilar Gete, que trabaja en el mismo centro madrileño.

“El que ha hecho Medicina es porque le gusta el servicio a los demás, y lo vamos a hacer igual de bien, lo que pasa es que cada vez nos cuesta más llegar a fin de mes”, añadía la especialista, que aprovechaba para reivindicar el retorno a la situación anterior a la crisis, cuando cobraban “200 euros más” al mes. “Cuando llegó la crisis económica, pusieron 37 horas y media, pero no nos dieron la oportunidad de trabajar esas 37 horas y media. Simplemente nos quitan 200 euros del sueldo todos los meses”.

“Si tú dices que quieres trabajar una tarde más y que te paguen ese dinero, te dicen que prefieren quitarte esos 200 euros y que no la trabajes. 200 euros todos los meses, que antes sí cobrábamos, es un dinero al año”, añadía Gete, que insistía en que no piden una reducción de jornada cuando se habla del regreso a las 35 horas semanales. “No queremos trabajar menos, sino simplemente que nos permitan trabajar esas horas que nos piden y no nos quiten ese sueldo. Eso no lo está explicando bien el sindicato”.

Sueldo "ridículo"

“Nuestro sueldo base es de 1.100-1.200 euros, lo demás son complementos que luego a la hora de la jubilación desaparecerán. El sueldo que nos permitía vivir más desahogadamente que otros profesionales ha desaparecido. Vivimos con las mismas constricciones que un profesional medio y un salario no de acuerdo con un funcionario de nuestra categoría, ni mucho menos. Y ya si lo comparas con la responsabilidad que asumimos, pues es un sueldo ridículo”, comentaba Olano, según el cual la pérdida de nivel adquisitivo se ha notado “un huevo”.

“A raíz de la crisis nos quitaron una serie de horas, nos hicieron una reducción en el sueldo, y todo eso no lo hemos recuperado. Pedimos recuperación del dinero que nos han quitado, de las 35 horas semanales, que nos paguen la carrera profesional”, añadía Rosa Echarri, que ha subrayado que, entre otros motivos, ha secundado la huelga para reclamar que les paguen “lo que les tienen que pagar.

“Tenemos autorizada la carrera profesional y no nos la están pagando”, subrayaba la médica de familia entre los primeros pitos de la concentración, en la que se han sumado cencerros, un tambor y hasta una gaita para hacer ruido frente a la sede de la Consejería de Sanidad madrileña. “Por no poder, no puedo ni mear”, gritaban algunos de los facultativos concentrados para pedir “respeto”.