Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) que hacen referencia a las causas de mortalidad de 2015, las enfermedades hipertensivas han doblado el número de fallecimientos en la última década. De acuerdo a la información del instituto, en 2005 la hipertensión provocó 6.661 fallecimientos, en 2015 ya es la causante de 12.674.

“Recordemos además que la hipertensión es factor de riesgo de otras enfermedades cardiovasculares como el infarto y el ictus, por lo que seguramente es causante de muchas más defunciones”, dice el presidente de la FEC, Carlos Macaya.

La hipertensión arterial supone una mayor resistencia para el corazón a la hora de ejercer presión sobre las arterias para que estas conduzcan la sangre a los órganos del cuerpo. Por tanto, el corazón aumenta su masa muscular (hipertrofia ventricular izquierda) para hacer frente a ese sobreesfuerzo, lo que puede desembocar en insuficiencia coronaria y angina de pecho. Además, el músculo cardiaco se vuelve más irritable y se producen más arritmias.

La hipertensión también propicia la arterioesclerosis (acúmulos de colesterol en las arterias) y fenómenos de trombosis (pueden producir infarto de miocardio o infarto cerebral). Por ello, es fundamental mantener los niveles de HTA bien controlados, conservando los niveles de presión arterial sistólica (máxima) entre 120-129 mm Hg, y las de diastólica (mínima) entre 80 y 84 mm Hg.