Los dispositivos IQOS (I Quit Ordinary Smoking), que calientan el tabaco sin llegar a quemarlo, contienen sustancias tóxicas que provocan cáncer, igual que los cigarrillos. Lo ha advertido la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), que recuerda que existen varios estudios que demuestran que el humo que generan estos dispositivos sigue siendo nocivo.

Según ha informado la sociedad, uno de los estudios (publicado en JAMA Internacional Medicine) compara el contenido del humo de los dispositivos IQOS con el de los cigarrillos convencionales. Los investigadores encontraron componentes volátiles orgánicos e hidrocarburos policíclicos aromáticos en el humo de estos dispositivos, lanzados al mercado recientemente por la compañía tabaquera Philip Morris.

Además, el humo de los dispositivos IQOS contenía el 84% de nicotina hallada en el humo de los cigarrillos convencionales. La mayoría de los elementos se encontraron en menor concentración, a excepción el acenafteno, un hidrocarburo policíclico aromático cancerígeno que se detectó en una concentración de más del doble respecto a los cigarrillos.

Otro estudio, publicado en Journal of UOEH, demostró presencia de tóxicos en el humo de la corriente principal de tabaco de los dispositivos IQOS. Los autores asumieron que parte de estos tóxicos pueden pasar al humo exhalado por los fumadores y concluyeron que el uso de IQOS puede producir daños tanto en fumadores activos como pasivos.

“Se puede concluir que la utilización de IQOS no reduce de forma significativa la cantidad de nicotina inhalada en comparación con la que se inhala de un cigarrillo normal”, señala el presidente electo de SEPAR, Carlos A. Jiménez Ruiz.

“Aunque con la utilización del IQOS la cantidad que se inhala de otras sustancias tóxicas es menor que la que es inhalada con el de los cigarrillos normales, hay que destacar que esta cantidad es suficiente para ser tóxica para la salud”, añade el presidente, que insiste en que estos dispositivos no sirven para ayudar a dejar de fumar, como sugiere su nombre.

Por otro lado, la SEPAR recuerda que la inocuidad de los cigarrillos electrónicos no ha sido claramente demostrada. Estos vaporizadores usan un líquido con distintas sustancias químicas, entre las que se encuentran la nicotina, el propilenglicol y la glicerina. En el vapor se han detectado también sustancias como como formaldehído, acetaldehído y acroleínas, también presentes en el humo de los cigarrillos manufacturados, así como metales como el níquel, el cromo y el plomo.

“La International Agency for Research on Cancer clasifica todas estas sustancias como carcinogénicas, sin determinar un umbral de seguridad para su consumo. Además, algunas de estas sustancias tienen capacidad para producir daño en el intersticio pulmonar”, destaca Jiménez, quien subraya que los niveles de níquel hallados en el vapor de los cigarrillos electrónicos son más elevados que los detectados en el humo de los cigarrillos.

“Por el momento, solo se han realizado 3 estudios clínicos aleatorizados diseñados para evaluar la eficacia y la seguridad de uso de los cigarrillos electrónicos como tratamiento para ayudar a los fumadores a dejar de serlo o para ayudarles a reducir el número de cigarrillos que consumen. Son estudios con importantes deficiencias metodológicas que no permiten obtener conclusiones fiables y definitivas”, agrega.

 

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