La autora del estudio, Joy Lee, se ha basado en una serie de entrevistas a 25 médicos de AP, de los cuales 22 admitieron sentir preferencias por alguno de sus pacientes; no sin antes “manifestar su incomodidad hacia el término y plantear sus preocupaciones con respecto al favoritismo y sus límites” recuerda.

El objetivo del estudio se centró entonces en definir e identificar los atributos de estos preferidos y examinar su impacto en el día a día de los profesionales. Los hallazgos demostraron que los enfermos obedientes, complacientes o condescendientes, no agradaban a los doctores.

Tampoco aquellos que compartían aficiones ni los similares en cuanto a sexo, edad o situación familiar despertaban un especial interés en el galeno. Por el contrario, los “mimados” de la consulta resultaron ser los pacientes con enfermedades más graves o altas tasas de recurrencia.

Tal como se deduce del paper, las relaciones vienen definidas, en parte, por la cantidad de tiempo pasado desde que el médico conoce a su paciente o la frecuencia en que éste acude a consulta. También destacan por su importancia las “experiencias intensas que fortalecen el vínculo”.

Todos los encuestados aseguraron que la interacción con sus “favoritos” tiene en ellos un “efecto positivo”; algunos llegaron incluso a afirmar que un encuentro con estos enfermos “mejoraba su jornada laboral” o “enriquecía su experiencia profesional”.

Sucede todo lo contrario si los pacientes son desafiantes o discuten las propuestas del especialista. A pesar del malestar que provocan estos enfermos rebeldes, los médicos de familia admiten que “estudios como este pueden ayudar a comprender que a veces existe esta diferenciación entre pacientes y a prevenir que se cuide más a unos que a otros”.

Que demuestren esta preocupación, sugiere que “los médicos están tratando de ser justos y dar a todos sus pacientes la mejor atención posible; son conscientes de la importancia de humanizar la relación médico-paciente”, según manifestó Lee en una nota de prensa.

La investigadora propone a los enfermos que “se aseguren de visitar a sus médicos de forma regular”, mientras éstos “deben aprender a apreciar la influencia que tienen sobre sus pacientes, evitando así el desgaste o el hastío de la práctica médica”.

Y es que, no sólo el médico es consciente de su favoritismo; también lo es el paciente. “Para ellos, los resultados destacan la importancia de tener una fuente habitual de atención”, resume Lee, “no hay que estar constantemente enfermo para ser apreciado por tu médico de cabecera, pero sí es importante que exista una buena comunicación si sobreviene alguna enfermedad”, aclara.