“Cuando las mujeres están despiertas el tiempo suficiente como para recordar los sofocos nocturnos, la percepción contribuye a la alteración del estado de ánimo en aquellas cuyos niveles de estrógeno han caído”, explica Hadine Joffe, miembro del equipo de investigación.

 

El estudio se ha llevado a cabo en el Instituto para el Cáncer Dana Farber de la Escuela de Medicina de Harvard, y en él  han total de 29 mujeres sanas premenopáusicas, entre las edades de 18 a 45 años. Las mujeres tomaron un medicamento para suprimir la producción de estrógenos en los ovarios durante un periodo de 4 semanas.

El tratamiento imita la menopausia e induce síntomas de esta en diversos grados de intensidad. Antes y después de 4 semanas de duración, los científicos monitorizaron los niveles de la hormona del sueño y de las participantes, las cuales completaron cuestionarios sobre salud mental al principio y al final del estudio. 

El estudio encontró que las mujeres que experimentaron frecuentes sofocos durante la noche eran más propensas a experimentar síntomas leves de depresión que las que declararon sufrir menos o ningún sofoco durante la noche. Además, se dieron cuenta de que la percepción de la frecuencia de los sofocos estaba vinculado a los cambios de estado de ánimo.

Las mujeres que experimentaron interrupciones del sueño también eran más propensas a mostrar síntomas de depresión que las que dormían más. Los sofocos durante el día no tuvieron un efecto sobre el estado de ánimo de las participantes. El estudio señala que cualquier tratamiento de los síntomas debe abordar el sueño y los sofocos durante la noche.

Los resultados de nuestra investigación sugieren que las mujeres menopáusicas que dicen experimentar sofocos durante la noche e interrupción del sueño deben ser examinadas por posibles alteraciones del humor”, propone Joffe. Según fija el estudio, la edad promedio para que se produzca la menopausia entre las mujeres estadounidenses es de 51 años.