Evitar la muerte súbita en personas de una familia donde ya se haya vivido algún caso es el objetivo de un estudio que va a llevar a cabo la Comunidad de Madrid. Las consejerías de Justicia y Sanidad han firmado esta semana un protocolo de actuación como base para elaborar un modelo de trabajo frente a la muerte súbita, el “desafío más importante de la Cardiología moderna y uno de los mayores de la Medicina en general”.

Según ha informado la comunidad, el Servicio de Urgencia Médica de la Comunidad de Madrid, SUMMA 112, registró el año pasado 323 muertes súbitas (5 de ellas en lactantes), lo cual supone un 2% del total de fallecimientos naturales; este porcentaje podría ser mayor, ya que las muertes súbitas no siempre se identifican. En lo que va de año, el número de muertes súbitas registrado en la región asciende a 271 (8 en lactantes).

La idea es poner en marcha un trabajo de investigación que incluya el estudio genético de las personas fallecidas por muerte súbita, así como la valoración y estudio clínico de sus familiares. “Un conocimiento que nos permitirá un diagnóstico temprano para prevenir y evitar la muerte súbita en otros miembros de familias ya afectadas”, apuntó el presidente madrileño, Ángel Garrido, durante la presentación del protocolo, firmado por los consejeros de Justicia, Yolanda Ibarrola, y de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero.

Dicho protocolo establece una vía de trabajo conjunto del Instituto Anatómico Forense, dependiente de la Consejería de Justicia, y el Servicio Madrileño de Salud (SERMAS), que forma parte de la Consejería de Sanidad. Se constituirá un grupo de trabajo multidisciplinar para atender a las familias con cardiopatías genéticas causantes de muerte súbita y se elaborará un diagnóstico causal de la mayoría de las muertes súbitas ocurridas en jóvenes, mediante un estudio exhaustivo desde diferentes perspectivas.

“La muerte inesperada de un familiar supone, no solo un trágico acontecimiento vital, sino que también tiene profundas implicaciones para el resto de los familiares. Cuando se produce una muerte súbita, sobre todo si se trata de una persona joven (menor de 40 años), el resto de los familiares pueden presentar la misma enfermedad que el paciente fallecido”, señala el texto del protocolo, que tendrá una duración de 4 años prorrogables.

El diagnóstico temprano y el conocimiento de la patología pueden evitar complicaciones e impedir que se repitan estos acontecimientos en otros miembros de las mismas familias. De acuerdo con la Fundación Española del Corazón, la muerte súbita “es el fallecimiento que se produce en la primera hora desde el inicio de los síntomas, o el fallecimiento inesperado de una persona aparentemente sana que se encontraba bien en el plazo de las 24 horas previas”.