Este estudio pretende analizar la eficacia de las investigaciones tanto conductuales como farmacológicas para que los pacientes con EPOC abandonen el tabaco. Para llevar a cabo este análisis, se analizaron los registros de ensayos en el grupo Cochrane de vías respiratorias, y se hicieron búsquedas desde el principio en su base de datos.

Este sistema permitió verificar las listas de referencias de los estudios e, incluso, las revisiones más relevantes realizadas hasta la fecha. Los principales criterios de selección fueron ensayos controlados aleatorizados que analizaban durante 6 meses las tasas de abstinencia en los pacientes sometidos a tratamientos conductuales, farmacológicos o los 2 a la vez.

Una vez recopilados los datos, se extrajeron de forma independiente los mismos y se evaluó la metodología de cada estudio para analizar si tenía una calidad suficiente, rechazados por consenso en aquellos casos negativos.

La investigación incluyó 13.123 pacientes que se repartieron en 16 estudios. 2 de ellos demostraron que un comprimido de nicotina sublingual y la vareniclina aumentaron la tasa de abandono sobre placebo. Por su parte, los resultados combinados de ambos estudios mostraron un efecto positivo de bupropión comparado con el placebo.

Según se extrae de EvidenceUpdate, cuando se combinaron estos 4 estudios, se observó que era más efectivo el tratamiento farmacológico combinado con la terapia conductual de alta intensidad que el comparado con el uso placebo y la misma terapia. También se encontraron pruebas que indicaban que el tratamiento conductual alto aumentaba la tasa de abstinencia comparadas con la atención habitual o la terapia conductual de baja intensidad.

El estudio mostraba, por tanto, la importancia de la combinación de terapias psicosociales con un tratamiento farmacológico. De 1.540 participantes, se encontró clara evidencia que indicaba que la combinación de ambos tratamientos (psicológico y farmacológico) era eficaz para ayudar a los pacientes con EPOC a dejar de fumar.

El estudio de Cochrane concluye que no hay pruebas convincentes que prefieran una forma concreta de tratamiento, ya sea farmacológico o conductual.