“En esta época del año el ojo se encuentra sometido a un ambiente más hostil”, resume el doctor Durán de la Colina, director médico del Instituto Clínico Quirúrgico de Oftalmología (ICQO) de Bilbao. “Teniendo en cuenta que la lágrima es el mecanismo de defensa más eficaz del ojo, la sequedad se erige como una de las dolencias oculares más comunes del verano”, sentencia.

No obstante, “el verano en si, por la estación o la temperatura, no aumenta los casos de ojo seco” matiza su compañero del Departamento de Córnea y Superficie Ocular del Instituto de Microcirugía Ocular (IMO) de Barcelona, el doctor Óscar Gris. Lo que sí es evidente, admite, es que muchas situaciones y ambientes propios del verano pueden producir más afecciones o agravarla.   

Fijar la vista empeora el ojo seco

En verano es habitual pasar tiempo en medios de transporte. Así, “cuando el paciente está conduciendo, fijar la vista y parpadear menos para estar pendiente de la carretera empeora mucho el ojo seco”, ejemplifica Gris. “Pasa los mismo cuando hacen largos viajes en avión y trata de distraerte con la lectura o los dispositivos móviles”, añade el experto en córnea y superficie ocular.

En este tipo de transportes también es habitual la presencia de aire acondicionado, un aparato con “especial capacidad para secar el ambiente y, por tanto, el ojo”, recuerda Gris. “Los pacientes que ya sufren de ojo seco empeoran mucho en verano por esta causa, y algunos pacientes que durante el resto del año no tienen síntomas empiezan a tener molestias”.