Fumadó ha defendido, entre otras cuestiones, la “integración de la medicina rural en los estudios universitarios, tanto en el pregrado como en el postgrado”, así como la necesidad de asegurar un desarrollo profesional adecuado y una formación apropiada de forma continua. Así mismo, entre las exigencias del colectivo destaca la mejora de las infraestructuras y las condiciones de trabajo.

Ejemplo de estas mejoras sería la accesibilidad a métodos de atención remota, de manera que el profesional pueda “dispensar una atención de calidad en las urgencias fuera de la jornada laboral, pero a la vez asegurando un adecuado descanso”. Esto supondría un apoyo no solo para los médicos, sino también para su entorno familiar, matiza Fumadó. 

Por otro lado, y “teniendo en cuenta que el estatus de salud de los habitantes de las zonas rurales se encuentra en peor estado debido al tipo de trabajo, normalmente más pesado físicamente, los servicios tendrían que ser específicos para el ámbito y contexto rural, diferentes de los centros urbanos”, argumenta el portavoz, basándose en los datos del estudio.

Este mismo documento ilustra que, “en países como Francia, los médicos que realizan guardias están eximidos de pagar impuestos, mientras que en España la situación no es tan favorable”, lamenta el vocal. “A más guardias, más impuestos”, resume. Además, “en todos los países de Europa existe el doble de personal de enfermería que de médicos”, según recoge el informe presentado.

Igualmente, los autores han comprobado que “el rol del médico en Europa no es usurpado por ningún otro profesional” y que, “respecto a la conocida prescripción enfermera, la situación en el conjunto de los Estados miembros es similar a la de España excepto en Suecia, Rumanía y Reino Unido”, concluyen.