La llegada de esta estación trae consigo “la vuelta a la normalidad: trabajo, colegio, etc. o lo que es lo mismo, lugares con mucha acumulación de personas donde la transmisión de enfermedades respiratorias es mucho más fácil y común”, justifica el experto.

Además, la caída de las temperaturas “favorece el aumento de los niveles de ácaros del polvo en el ambiente, ya que dichos seres necesitan, entre 10 y 30 grados para desarrollarse y un nivel de humedad moderado-alto”, recuerda; estas circunstancias climatológicas también son responsables de aumentar las infecciones víricas y “descompensar toda la patología respiratoria”.

Además de rinitis y asmas alérgicas, los pacientes se exponen en esta época del año a sensibilidades alimentarias y enfermedades cutáneas, como la dermatitis atópica motivada por el aumento de ácaros y hongos en el ambiente.

“Es el momento de la apertura de los comedores escolares, donde se atienden diariamente miles de niños”, reflexiona Núñez, “las alergias alimentarias están en claro aumento en nuestra población infantil, por eso, los niños con sospecha de alergia deben ser evaluados en estos meses de cara emitir los correspondientes informes para ser presentados en los comedores escolares con los alimentos que pueden o no tomar”, indica.

En cualquier caso, “si el año pasado el paciente lo pasó mal o peor respecto a años previos, ahora es el momento de plantearse acudir a los especialistas”, sugiere, “el diagnóstico y tratamiento con vacunas puede mitigar los síntomas en algunos casos, y en un porcentaje no desdeñable de pacientes, eliminarlos”, asegura el alergólogo.