La revascularización endovascular no proporciona beneficios significativos en términos de mejora en el rendimiento funcional o calidad de vida para el tratamiento de pacientes con claudicación intermitente (CI), en comparación con el ejercicio supervisado. Es la conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores del Erasmus University Medical Center (Países Bajos) tras analizar 10 ensayos controlados aleatorizados (1.087 participantes).

La revisión sistemática, publicada en Cochrane Database of Systematic Reviews, compara la revascularización endovascular versus ningún tratamiento específico para la CI o tratamiento con terapia conservadora; o bien la una terapia conservadora combinada con revascularización endovascular versus la terapia conservadora sola, entendiendo esta última como ejercicio supervisado y administración de cilostazol 100 mg 2 veces al día.

Al compararla con los efectos de no realizar ningún tratamiento para CI, la revascularización endovascular mostró un efecto moderado en la distancia máxima de caminata (MWD) y un efecto elevado sobre la distancia de caminata sin dolor (PFWD). En 2 estudios concretos, el seguimiento a largo plazo no evidenció diferencias entre los grupos para MWD ni para el número de intervenciones invasivas secundarias.

Los datos de 5 estudios específicos y 3 estudios de seguimiento a largo plazo tampoco revelaron diferencias claras para MWD y PADP entre los pacientes que realizaron ejercicio supervisado y los sometidos a revascularización endovascular. La comparación de la revascularización endovascular más ejercicio supervisado versus ejercicio supervisado solo mostró diferencias claras entre los grupos, aunque el seguimiento a largo plazo en uno de los estudios sí aseguró un efecto en la MWD a favor de la terapia combinada.

La calidad de vida resultó similar entre los grupos, pero el número de intervenciones invasivas secundarias fue menor en la terapia de combinación. Al comparar la revascularización endovascular más farmacoterapia versus farmacoterapia sola en 2 estudios, los autores concluyeron que el tratamiento combinado ofrecía un pequeño efecto positivo en MWD y moderado en PFWD y calidad de vida específica de CI. El número de intervenciones invasivas secundarias fue similar.

“Los pacientes con CI experimentan limitaciones en su función ambulatoria, lo que resulta en una discapacidad funcional y una calidad de vida deteriorada”, explican los autores sobre las consecuencias de esta forma sintomática clásica de la enfermedad arterial periférica que afecta al 4,5% de la población mayor de 40 años. “Aunque el número de estudios es pequeño y la heterogeneidad clínica subraya la necesidad de estudios más homogéneos y amplios, la evidencia sugiere que puede producirse un efecto sinérgico cuando la revascularización endovascular se combina con una terapia conservadora de ejercicio supervisado o farmacoterapia con cilostazol”, concluyen.