El estudio, cuyos resultados estarán disponibles a partir del mes de mayo en la revista Journal of the American Board of Family Medicine, consideró para el análisis cualquier tipo de daño físico, sexual o psicológico perpetrado por parte de la pareja o cónyuge, anterior o actual, entre parejas de igual o diferente sexo.

Los médicos de familia entrevistados explicaron que, si bien algunos hombres confesaban conductas abusivas, generalmente eran las pacientes femeninas quienes reportaban los abusos. No obstante, declararon sentirse más preparados para intervenir cuando el abusador pedía directamente ayuda para hacer frente a su comportamiento.

“Los resultados sugieren que los clínicos de AP carecen de la formación suficiente para abordar estos casos”, afirma el médico de familia y autor principal del estudio, Brian Penti y una nota de prensa del BMC. De hecho, “solo el 23% de los programas de formación durante la residencia incluye alguna información relativa a los protocolos sobre violencia doméstica”.

Esta lacra “afecta a millones de estadounidenses, incluyendo también a los hijos de las víctimas, pero el sistema de salud está evitando hacer frente a los abusadores, en su mayoría hombres”, denuncia Penti, quien aboga por agilizar investigaciones para identificar mejor a los potenciales abusadores y desarrollar intervenciones más efectivas en el ámbito de la AP.

En la mayor parte de los estados norteamericanos, de acuerdo con la ley, el clínico debe presentar un informe de sospecha de maltrato y realizar un seguimiento especial a colectivos vulnerables. Según la American Academy of Family Physicians y el U.S. Preventive Services Task Force, el cribado está recomendado para mujeres en edad fértil que hayan sufrido episodios previos de abuso y para pacientes varones en una relación homosexual.