La paciente tenía un sistema inmunológico comprometido debido a que había iniciado un tratamiento oncológico que había eliminado sus glóbulos blancos. La bacteremia por Enterococcus faecium que tenía la niña persistió durante 26 días a pesar de estar en tratamiento antibiótico con vancomicina, y su estado no mejoró hasta que se recuperó su sistema inmune.

Durante la infección, los investigadores realizaron una secuenciación de ADN de 22 muestras de E. faecium. En dichas muestras vincularon la infección prolongada a una mutación puntual que observaron en el gen relA de la bacteria. Esta mutación activó la vía de respuesta que utilizan las bacterias para sobrevivir bajo estrés y tolerar los antibióticos.

La influencia de los biofilms

La modificación genética también aumentó los niveles de la molécula de señalización intracelular llamada alarmona que, según los científicos, provocó la supervivencia de la bacteria a la exposición a varios antibióticos. Los cambios en relA toleraban dosis mayores de antibióticos que la cepa original cuando crecían en biofilms.

“Esta mutación tiene especial importancia clínica porque los antibióticos utilizados, linezolid y daptomicina, son el último recurso de defensa contra la infección por E. faecium resistente”, explica Joshua Wolf, miembro asistente del departamento de enfermedades infecciosas del St. Jude Children's Research Hospital.

El antibiótico experimental ADEP-4 está desarrollado para combatir los biofilms bacterianos mediante la activación de una enzima que mata las células resistentes. Los investigadores utilizaron ADEP-4 en la paciente con inmunodeficiencia y comprobaron que mataba a E. faecium en biofilms, tanto las cepas originales que no habían mutado como las que sí habían sufrido cambios genéticos.

El estudio de caso, que se ha publicado en la revista mBio de la American Society for Microbiology, evidencia que la inmunodeficiencia de la niña con leucemia fue esencial para la supervivencia del virus que había mutado y para que produjeran biofilms menos robustos pero lo suficiente para ganar terreno durante la infección humana que, de otra forma, no habrían podido desarrollarse.