La enfermedad hepática por depósito de grasa, considerada hasta ahora una patología menor, afecta ya al 20% de la población y su prevalencia va en aumento, según ha advertido la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD). El depósito de grasa no es, en sí mismo, una enfermedad; sin embargo, factores como la fibrosis o la inflamación pueden ocasionar daños en graves en el hígado.

“Nuestra labor es intentar prevenir que eso suceda”, asegura el presidente de la SEPD, Javier Crespo, en declaraciones a la agencia EFE. En los próximos años, “entre el 10 y el 20% de las personas que tienen enfermedad por depósito de grasa van a desarrollar una patología hepática grave”, predice Crespo, quien defiende la necesidad de que “la sociedad en su conjunto” se involucre en la prevención.

Además de las medidas de Salud Pública, la labor informativa en las escuelas es fundamental, señala, ya que la mala nutrición hace de los niños uno de los grupos más vulnerables a la enfermedad hepática por depósito de grasa. La mala dieta y la falta de ejercicio son algunos de los factores decisivos para el desarrollo de la patología. En este sentido, el presidente de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD), Federico Argüelles, ha llamado a cuidar el estilo de vida ya que, en las últimas décadas, la obesidad infantil ha alcanzado “tasas dramáticas”.

Hepatotoxicidad: infrecuente pero grave

La SEPD también ha puesto el foco de atención sobre los episodios de toxicidad hepática; poco frecuentes, pero potencialmente graves. La automedicación, el abuso de productos de herboristería y el consumo de suplementos hormonales o dietéticos provocan una incidencia anual de entre 2,9 y 19 casos de hepatotoxicidad por cada 100.000 habitantes.

Según los expertos, la combinación de amoxicilina y ácido clavulánico es una de las mezclas más hepatotóxicas, alcanzando a una de cada 3.000 personas. Actualmente estos episodios se diagnostican por exclusión de otra lesión hepática; sin embargo, informa EFE, ya se están definiendo paneles de biomarcadores para diagnosticar los daños hepáticos derivados de un efecto tóxico y distinguirlos de las hepatitis por virus.