El pasado septiembre, la Food and Drug Administration (FDA) dio el visto bueno a este circuito cerrado compuesto por una bomba de insulina y un dispositivo más preciso de monitorización continua de la glucosa. El MiniMed 670 g, planea desembarcar en el circuito comercial estadounidense durante la primavera de 2017.

El páncreas automático ha sido diseñado para pacientes mayores de 14 años -aunque ya se está llevando a cabo un estudio pediátrico con niños de entre 7 y 13 años- y promete “equilibrar los niveles de azúcar en sangre, reducir los tiempos, moderar la variabilidad de la glucosa, minimizar las molestias y proporcionar mayor seguridad durante las noches”, según sus creadores.

Si bien los desarrolladores admiten que el dispositivo “no es una cura”, si lo han presentado como “un gran avance que hará la terapia más segura y fácil”. No opinan lo mismo las asociaciones de médicos y pacientes, quienes consideran que el aparato ha sido “sobrevalorado”.

Los pacientes denuncian publicidad engañosa

“No me gusta ni el nombre”, sentencia Melinda Wedding, madre de una niña diabética de 13 años llamada Carson. “Para empezar, no es un verdadero ‘páncreas artificial’, y llamarlo así supone la connotación de que el problema está resuelto, cuando está muy lejos de ser zanjado”, lamenta, “los pacientes aún tienen mucho que hacer para controlar la enfermedad”.

“Es publicidad engañosa”, denuncia Robert Vesco, de 37 años, diagnosticado hace 10, “sugieren una idea equivocada, algo similar a un corazón artificial … un dispositivo completamente autónomo que no requiere intervención por parte del paciente”.

Además, señala, existen otros inconvenientes: “Actualmente, tengo que quitar la bomba de insulina de mi vientre cada pocos días para evitar que se ensucie el tejido cicatricial, que entorpecería el paso de la insulina”, ejemplifica Vesco, “el ‘páncreas artificial’ supondría simplemente otro dispositivo más del que tener que preocuparse”, zanja el paciente.

 

La crisis de la insulina

Por otro lado, el MiniMed 670 g tampoco soluciona el problema más acuciante para el millón de personas que sufren diabetes tipo 1 en EE. UU.: el coste de la insulina. “Los precios se han disparado tanto que algunos pacientes se ven obligados a saltarse algunas dosis”, advierte la madre de Carson en declaraciones al medio especializado Vox.

Frente a esta “crisis de la insulina”, muchos especialistas “estamos recurriendo a formulaciones antiguas, más baratas”, admite el investigador de la University of Washington School of Medicine, Irl Hirsch, en declaraciones al mismo medio. “Estamos tratando de enseñar a los médicos a utilizar las insulinas de la década de 1980”, advierte, “mientras hablamos de páncreas artificiales, la realidad es que vamos hacia atrás”.

La visión de los expertos

“Efectivamente, no hemos curado la diabetes, sigue siendo un grano en el culo”, concede Stuart Weinzimer, profesor de pediatría de la Yale University School of Medicine y coinventor del controvertido dispositivo.

“Yo diría que, cada vez que se crea un dispositivo, se le da al paciente mayor control de su enfermedad a cambio de cargarle de trabajo; sin embargo, esta es la primera vez que les hemos podido ofrecer un avance tecnológico que mejora su vida y les quita complicaciones”, argumenta.

“El dispositivo es sin duda un avance”, coincide el director del Johns Hopkins Diabetes Center, Thomas Donner, “pero es un avance gradual”. Muchos expertos confiesan que el verdadero problema está siendo “manejar las frustraciones de sus pacientes y convencer a los enfermos más escépticos de las evidencias que sugieren que el dispositivo puede suponer algún tipo de mejor”.