De acuerdo con los autores, las metástasis umbilicales se describieron por primera vez asociadas a linfomas en 1996; desde entonces, apenas se han descrito una decena de casos. El artículo recoge el de un varón de 38 años que consultó por distensión abdominal, saciedad precoz y pérdida de 7 kilogramos de peso de 2 meses de evolución.

En la exploración se detectó una masa pétrea abdominal y una tumoración umbilical de 3 cm que había aumentado de tamaño en las semanas previas; el paciente la había interpretado como una hernia umbilical. En los miembros inferiores se detectaron ligeros edemas blandos con fóvea.

En la analítica destacaba una elevación de lactato deshidrogenasa y beta-2 microglobulina, así como hipogammaglobulinemia. Se realizó una tomografía computarizada abdominal, en la cual se observó un gran tumor retroperitoneal que englobaba el riñón izquierdo y desplazaba la aorta, esplenomegalia, afectación peritoneal, adenopatías mesentéricas y un nódulo umbilical.

La biopsia de médula ósea mostró datos de mielopatía inespecífica (eosinofilia y megacariocitosis), sin fibrosis reticulínica ni otros datos de interés; no se obserbó infiltración linfomatosa desde el punto de vista morfológico e inmunohistoquímico. Además, se realizó biopsia con aguja gruesa guiada por TAC de la masa abdominal, obteniéndose cilindros tisulares integrados por una proliferación celular neoplásica linfomatosa de estirpe B

El diagnóstico anatomopatológico fue de linfoma no Hodgkin de células grandes B inmunofenotipo centro germinal (según algoritmo de Hans). Se administró el primer ciclo de quimioterapia, tras el cual se observó mejoría clínica, con una importante disminución de la masa abdominal. El paciente fue dado de alta posteriormente para continuar el tratamiento de forma ambulatoria.

Según los autores, los pocos casos de nódulo de la hermana María José asociados a linfoma que existen en la literatura “parecen no implicar un pronóstico tan malo como los correspondientes a tumores gastrointestinales o ginecológicos”, hasta el punto de que se han llegado incluso a describir remisiones completas. “A diferencia de determinadas neoplasias de estirpe epitelial, la posibilidad, aunque excepcional, de que los desórdenes linfoproliferativos se asocien a metástasis umbilicales podría hacer reconsiderar el valor pronóstico de este signo clásico”, concluyen.