Según ha informado Fipse, en estos momentos se está tramitando la patente europea de HistShock, que permitirá reducir el impacto mortal del shock séptico, que causa más de 5 millones de muerte al año en el mundo.

El nuevo kit diagnóstico HistShock se basa en la detección de histonas, unas proteínas que se liberan al torrente sanguíneo en el curso de un proceso inflamatorio provocado por una infección; su concentración aumenta a medida que progresa la sepsis y es muy elevada en caso de shock séptico.

Menos costes

El análisis se realiza mediante espectrometría de masas. Se usa un patrón interno para medir las histonas y se complementa con un software que traduce los resultados de la espectrometría a los parámetros que usan los clínicos. De acuerdo con la fundación, el kit ahorrará costes, además de permitir ajustar con precisión los tipos de medicamentos y las dosis para tratar la infección de cada paciente y evitar el shock séptico.

“Los clínicos necesitan herramientas de diagnóstico precoz y hay algunos biomarcadores que dan una pista de en qué punto está el proceso de sepsis”, explica Carlos Romá-Mateo, miembro del equipo de investigadores, en el que participan profesionales de la Universidad de Valencia, la Fundación Instituto de Investigación Sanitaria (Incliva), el Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciber) de Enfermedades Raras, la Unidad de Medicina Intensiva del Hospital Clínico Universitario de Valencia y la Universidad Europea de Valencia.

Antecedentes

HistShock surgió a partir de otro trabajo de investigación del grupo de la Universidad de Valencia encabezado por Federico Pallardó, que estudiaba el proceso oxidativo en el núcleo celular en determinadas enfermedades raras y la modificación de las histonas. José Luis García Giménez, investigador principal del proyecto, tras estudiar dichas modificaciones y comprobar que las histonas eran citotóxicas y podían liberarse en la sangre teniendo efectos negativos, pensó que podrían trabajar en esta dirección con la sepsis.

Gracias a la participación en el programa del MIT, está garantizada la viabilidad comercial del proyecto. “Estamos trabajando con unos mentores expertos en temas clínicos y de transferencia tecnológica para dar una forma definitiva al proyecto. La idea es transferir la tecnología y convertirla en un servicio comercializable tras la patente. Mientras tanto, seguimos trabajando para validarla en una cohorte de pacientes mucho mayor”, concluye Romá-Mateo.