“Con el aumento de la resistencia a los antibióticos antimaláricos de primera línea, tiene sentido intentar mejorar aquellos fármacos secundarios que funcionan de manera imperfecta, en lugar tratar de reinventar la rueda siempre”, afirma en un comunicado del Imperial College London Jake Baum, investigador principal del estudio.

Según explica Baum, “se necesita una gran cantidad de recursos para descubrir nuevos fármacos, pero modificar la estructura de los medicamentos existentes podría darles una nueva vida y permitiría obtener beneficios significativos con muchos menos recursos”. Además, según indica, se conoce que estos medicamentos matan a los patógenos, pero se desconoce cuál es el mecanismo por el que se eliminan.

Criomicroscopía electrónica, una “herramienta poderosa”

Por este motivo, el equipo utilizó una técnica de criomicroscopía electrónica, que toma imágenes de moléculas en su estado natural con un importante grado de detalle. Así, pudieron mapear el mecanismo de acción de la mefloquina, un medicamento utilizado para la prevención y quimioprofilaxis de la malaria, según indica la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid en una ficha técnica del medicamento Lariam®, que contiene este principio activo.

A través de dicho análisis de precisión, los investigadores pudieron analizar cómo la molécula del fármaco atacaba el ribosoma del parásito de la malaria, se unía a él y lo eliminaba. De esta manera, pudieron identificar que el proceso podía mejorarse. A continuación, utilizaron esta información para rediseñar el fármaco con un mejor ataque de la malaria. 

Además, trataron de reducir los efectos secundarios dañinos, tales como la depresión, y consiguieron eliminar el parásito con múltiples modos de acción. Según indican Baum, la técnica de criomicroscopía electrónica podría utilizarse como “una poderosa herramienta” para identificar el mecanismo de acción de otros fármacos con el objetivo de mejorarlos y eliminar a los agentes patógenos más letales, como se ha hecho en el caso de la malaria.