La resistencia a la piperaquina, uno de los tratamientos utilizados para tratar la malaria, podría estar extendiéndose en Mozambique. Así lo refleja un estudio de vigilancia molecular elaborado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) cuyos hallazgos han sido publicados en la revista Emerging Infectious Diseases. La investigación muestra que una de las causas de dicha resistencia podría deberse al incremento del consumo de este fármaco.

Los investigadores analizaron el ADN de 351 parásitos aislados de niños con malaria en diferentes lugares de Mozambique. Concretamente, buscaron la presencia de mutaciones en los genes K13, pfcrt, pfmdr1, pfdhps y amplificaciones en los genes pfpm2 y pfmdr1 asociados a resistencias. Los resultados muestran una alta prevalencia de resistencia a la sulfadoxina-pirimetamina, como consecuencia de un uso habitual en el tratamiento preventivo durante el embarazo.

El estudio refleja que se ha vuelto a producir una susceptibilidad a la cloroquina y que no se han detectado marcadores de resistencia a la artemisinina, si bien podría aumentar la resistencia a la piperaquina. Los fármacos antimaláricos son esenciales para controlar la enfermedad, pero su eficacia podría disminuir por la aparición de parásitos Plasmodium falciparum resistentes a dichos fármacos, ha explicado Himanshu Gupta, primer autor del estudio.

Las mutaciones aumentan

La literatura científica describe múltiples mutaciones en genes relacionados con resistencia a la gran mayoría de los fármacos antimaláricos, entre los que se encuentran la cloroquina, la mefloquina, la lumefantrina y la piperaquina. También se han encontrado cepas resistentes a la artemisinina, uno de los fármacos de primera línea. En el sureste asiático, ya han comenzado a producirse resistencias a todos ellos.

“La resistencia a los fármacos provocada por la variación genética es un arte en el que el parásito de la malaria es el artista, con 24 millones de colores en su paleta”, ha comparado Gupta para explicar cómo Plasmodium falciparum desarrolla resistencia a la piperaquina. En su opinión, los marcadores moleculares de resistencia a antimaláricos representan una herramienta útil para mejorar el tratamiento.

Algunos países, entre los que se incluye Mozambique, han cambiado las políticas de uso de los antimaláricos recomendados para mantener la eficacia de los diversos tratamientos. Así, han cambiado la cloroquina por otros como la amodiaquina, la sulfadoxina-pirimetamina o terapias combinadas con artemisinina, como la artemeter-lumefantrina.

“Estos datos de prevalencia basales nos ayudarán a determinar el impacto de futuros programas de control y eliminación, como la administración masiva de fármacos en la evolución de las resistencias", concluye Alfredo Mayor, investigador de ISGlobal y coordinador del estudio.