Estas son las principales conclusiones extraídas de un estudio elaborado por investigadores de la University of Rochester Medical Center que, aunque se haya realizado en una muestra reducida (32 sujetos), refuerza los resultados de 2 investigaciones anteriores de las que se necesitaba un mayor respaldo científico que lo pudiera corroborar.

En el estudio participaron mujeres con menopausia metabólicamente sanas, que fueron divididas en 4 grupos: con comidas con 30% de carbohidratos, 60% de carbohidratos, con intensidad moderada de ejercicio físico tras la comida y sin actividad física. El grupo con una dieta baja en carbohidratos tuvo una reducción de la resistencia a la insulina después de la tercera comida, mientras que el grupo de comidas ricas en carbohidratos mostró un aumento después de comer.

"Una simple modificación del contenido de carbohidratos de las comidas puede reducir, en un solo día, el desarrollo de la resistencia a la insulina y de la prediabetes, mientras que una ingesta alta en carbohidratos, conduce al aumento de la secreción de la insulina en ayunas y su resistencia”, y añade que “aún más sorprendente e increíble es que el ejercicio físico, realizado antes de las comidas, hace que los sujetos sean más intolerantes a los carbohidratos, es decir, que aumenten los niveles de azúcar en sangre por la noche”, explicó Katarina T. Borer, investigadora principal del estudio.

Puesto que el ejercicio físico no reducía la resistencia a la insulina, los investigadores sugieren que esta reacción después de la cena podría estar impulsada por una respuesta intestinal al hidrato de carbono y no por el ejercicio, si bien los investigadores recalcan que esto no implica que el ejercicio no influya en la insulina. El estudio se publica en la revista Plos One.