Por cada nuevo diagnóstico se estima que hay de 5 a 12 celiacos sin diagnosticar, pues desde los primeros síntomas al diagnóstico se suele tardar de 3 a 17 años y más de la mitad de los casos que se diagnostican en la actualidad es en mayores de 50 años.

La sensibilidad al gluten no celiaca (SGNC) es una entidad emergente “y su prevalencia se estima en 10 veces al de la EC; sin embargo, la falta de criterios diagnósticos consensuados hace que estos datos pueden ser muy variables”, según apunta este experto.

Estas 2 enfermedades pueden tener una forma de presentación atípica con síntomas tan variados “como lesiones cutáneas, alteraciones neurológicas, osteoporosis, etc., en ausencia de clínica digestiva que haga sospechar por lo que se debe pensar en ellas por parte del profesional siempre en aquellas enfermedades sin un origen causal claro del cuadro”, subraya Manzanares.

A pesar de que muchas personas no tienen un diagnóstico de estas enfermedades, está emergiendo una tendencia a evitar el gluten entre la población sana. En Estados Unidos, los alimentos sin gluten se han multiplicado por 8 y hasta un tercio de la población prefiere no tomarlo sin haber observado un efecto perjudicial en su dieta.

“La dieta sin gluten puede resultar tremendamente sana ya que se basa en productos naturales, se aumenta la ingesta de fruta y vegetales, y se evita alimentos manufacturados y comida basura. Sin embargo, el gluten en sí, no reacciona como un agente tóxico en personas sanas”, explica García Manzanares.

No obstante, el experto explica a los defensores de abandonar las dietas con gluten que “dejar de tomar gluten innecesariamente no genera problemas en nuestro organismo, pero sí que es cierto que estos productos sustitutivos, a menudo, tienen menor fortificación de vitaminas y una peor composición en sus grasas. Nuestra cesta de la compra pueda encarecerse en unos 1.500 euros anuales, ya que los alimentos sustitutivos sin gluten son sensiblemente más caros y limitan la vida social”.