Los investigadores midieron la densidad mineral ósea mediante absorciometría con rayos X de doble energía (DXA, por sus siglas en inglés). En total, 92 pacientes cumplían con criterios de inclusión del estudio. En los 2 años siguientes al ingreso en la UCI, 10 pacientes (6 mujeres y 4 hombres) recibieron terapias para prevenir las fracturas, entre las que se incluía alendronato (5 pacientes), denosumab (2 pacientes), ranelato de estroncio (2 pacientes) y risedronato (1 paciente).

En 43 de 53 mujeres se produjo una disminución significativa en la densidad mineral ósea de la columna, pero no en el fémur. También se produjo una diferencia significativa entre aquellas mujeres que recibieron terapia para prevenir la fractura de fémur y de columna en relación a la pérdida de densidad mineral ósea. Sin embargo, el uso de glucocorticoides no se asoció con una diferencia en la densidad mineral ósea del fémur o de la columna.

En relación a los hombres, 48 de ellos tuvieron una disminución de la densidad mineral ósea en el fémur durante el segundo año, en comparación con el primero, si bien la densidad mineral ósea de la columna no mostró cambios. En los hombres, no se produjo una asociación entre la terapia para prevenir fracturas y los cambios en la densidad mineral ósea en el fémur o en la columna vertebral, pues los investigadores solo proporcionaron glucocorticoides a un hombre.

En todos ellos se observó una disminución de la densidad mineral ósea del fémur y de la columna, si bien en el fémur esta densidad era menor a los 2 años, en comparación con el primer año de estudio. “Esto implica que la terapia antifractura puede ser una intervención eficaz para prevenir la pérdida ósea en mujeres con enfermedad crítica, como se ha demostrado en otros pacientes en situación de riesgo”, explican los investigadores en un comunicado.