“Cuando el médico receta un medicamento, lo más probable es que este no haya sido probado en mujeres”, subraya Clegg en su texto, donde también destaca que no solo existen diferencias cromosómicas entre las diversas especies, sino también entre ambos sexos del ser humano y que las investigaciones que examinan si los fármacos se comportan de manera diferente en presencia de los cromosomas XX en lugar de XY son escasos.

Clegg afirma que casi toda la investigación básica, independientemente de si implica a roedores, perros o humanos, se realiza predominantemente en machos, y que las fluctuaciones de las hormonas asociadas al ciclo menstrual, como los estrógenos y la progesterona, pueden hacer variar los resultados de las investigaciones de fármacos en animales. Por eso, los investigadores suelen excluir a las hembras de los estudios.

“Hay tantas variables en la investigación médica que el diseño de un fármaco no puede hacerse simplemente poniendo a todas las mujeres en un mismo grupo y, menos aun, excluyéndolas”, escribe la doctora. Según Clegg expresa en su artículo, los investigadores aprecian cada vez más que el sexo puede afectar a la eficacia de los fármacos y como los resultados de los test pueden variar dependiendo del sujeto.

El artículo también habla del caso de la comunidad transexual, ya que la evidencia científica demuestra que las mujeres tienen menos riesgo frente a enfermedades cardiovasculares en comparación con los hombres. Sin embargo, no está claro el nivel de peligro al que está expuesta una mujer transexual que tiene presencia de cromosomas masculinos endógenos superpuestos con hormonas femeninas exógenas. 

“Esta es una importante población de individuos para estudiar, ya que arroja luz sobre el perfil hormonal óptimo que nos protege de enfermedades”, afirma la investigadora, que considera esencial entender qué papel juegan las hormonas y los cromosomas en el desarrollo de enfermedades, a la vez que subraya la importancia de diseñar fármacos en función del sexo de cada persona.