Con motivo del Día Mundial de la Osteoporosis, los investigadores han reiterado en una nota de prensa la necesidad de que oncólogos y reumatólogos estén muy atentos a la salud ósea de las pacientes tratadas con este fármaco y prevean las consecuencias derivadas de este tipo de procedimiento adyuvante del cáncer de mama con receptores hormonales positivos, uno de los tumores de pecho más frecuentes (70% del total de cánceres mamarios).

“Son pacientes que han sufrido un cáncer, lo han superado y hacen seguimientos de control con su oncólogo mientras se tratan con inhibidores de la aromatasa”, precisa el director del Programa de Salud Ósea y jefe de sección del Servicio de Oncología, Ignacio Tusquets, “son supervivientes y, por lo tanto, hemos de esmerarnos mucho para que con los tratamientos no sufran un daño colateral que empeoraría su calidad de vida en un futuro”.

Por eso, frente a un cáncer de receptores hormonales positivos que requiera inhibidores de la aromatasa, debería activarse de forma automática un protocolo en coordinación con los internistas, aseveran los expertos. Durante el mismo, se procedería a la “evaluación exhaustiva de parámetros bioquímicos, densitometrías óseas, estudios morfológicos y diagnósticos del estado del hueso desde el primer momento”, según enumera Xavier Nogués, jefe del Servicio de Medicina Interna y codirector del programa.

“Podemos encontrarnos con pacientes que parten de una salud ósea excelente, en ese caso es prioritario preservarla, prestando mucha atención a cualquier cambio”, explica Nogués, quien recuerda que, entre un 30 y un 35% de las pacientes asistidas en la unidad del Hospital del Mar acaban necesitando algún tratamiento específico para la dolencia reumatológica desarrollada tras el cáncer.

El mayor problema: la adherencia al tratamiento

Estas cifras y los riesgos derivados del tratamiento con inhibidores de la aromatasa motivan que, en un 30% de los casos descritos, las pacientes pierdan adherencia al tratamiento. Se trata de “uno de los grandes problemas de esta medicación tan necesaria y de indudable beneficio”, lamenta Sonia Servitja. Por este motivo, la oncóloga defiende la utilidad de proyectos como el Programa de Salud Ósea en mujeres con cáncer de mama.

“Formar parte de un grupo de estas características hace que las pacientes se sientan más apoyadas”, asegura. “Aunque implica más visitas de control, esto, lejos de ser un motivo de queja, hace que se sientan más acompañadas y nos aseguramos de que no dejan la medicación, además de poder detectar cualquier cambio mínimo en el estado de su salud ósea”, explica.

Durante este acompañamiento, los expertos también inculcan en sus pacientes hábitos saludables acordes a su condición, como el mayor consumo de vitamina D, ya que un 90% de las enfermas de cáncer de mama padecen un déficit de este suplemento, capaz de reducir la pérdida ósea y aliviar los dolores articulares.  

“La gran mayoría de estas pacientes, de entre 40 y 80 años, habrán sobrevivido a un cáncer de mama y afortunadamente envejecerán, pero debemos garantizarles que lo puedan hacer con una buena salud ósea y una buena calidad de vida”, concluye la experta.