Alfonso Vidal y dolor.

Alfonso Vidal, coordinador de Anestesiología, Reanimación y Unidad del Dolor en del Hospital Quirónsalud Sur de Alcorcón, lo tiene claro: “el dolor es un mal invisible”.  “Dadas las estadísticas, debería considerarse un asunto de Salud Pública”. Así de rotundo fue en los Desayunos Informativos que MMG organiza la primera semana de mes con médicos de distintas especialidades.

El doctor Vidal se especializó en anestesiología porque su campo de acción era muy amplio al abordar la anestesia, la reanimación y el tratamiento del dolor. Una de sus prioridades en la práctica diaria es, según contó, la interacción con los pacientes, quienes le preocupan por encima de todo.

“La anestesiología es como las matemáticas: muy exacta y predecible”.

El dolor está desatendido

Su interés por el dolor se fundamenta en que es el aspecto menos atendido y requiere un intenso compromiso profesional del que él es partidario. Dejó claro que, aunque le guste la unidad del dolor, no ha descuidado otros aspectos de la especialidad y sigue haciendo anestesia y reanimación.

Para Alfonso Vidal, el tratamiento del dolor es algo filosófico, “una especie de qué sé yo”, resumía entre risas, dada la subjetividad y los aspectos desconocidos que lo rodean, ya fuesen funcionales, farmacológicos o neuroquímicos. Vidal recordó que el tópico de que no hay enfermedades sino enfermos es toda una realidad cuando se trata de calificar o medir el dolor de los pacientes.

El dolor es una experiencia

Por las estadísticas, el doctor Vidal considera que el dolor debería ser tenido en cuenta como un asunto de Salud Pública. Ante su afirmación de que “el dolor es un mal invisible”, este especialista quiso recordar que la enseñanza y el aprendizaje de la Medicina habían estado lastradas siempre por la configuración aristotélica que dividía, según él falsamente, cuerpo y alma.

Para matizar su desacuerdo con esta teoría, Alfonso Vidal señaló que “hasta donde sabemos, independientemente de las creencias de cada uno, un alma no tiene existencia por sí misma sin un cuerpo”. Luego, recordó que el alma, las emociones, las sensaciones, los sentimientos, la alegría, el sufrimiento o la pena necesitan un soporte básico que es el cerebro. “Si a una persona le quitas el cerebro, tienes a una persona y a un cerebro. La persona no siente sin cerebro”, especificó Vidal.

“Me dediqué a esto porque me interesaba. Yo quería curar el dolor del mundo, ahora me conformaría con aliviarlo un poquito”.

Según la definición académica de la Internacional Association for the Study of Pain (IASP), a la que Alfonso Vidal aludió durante la conversación, el dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable relacionada con una lesión real o potencial o que se describe en los términos de dicha lesión. Esta premisa, más la suya propia que señala que lo importante es el paciente y lo demás son elementos complementarios, parecen ser los pilares de su día a día en consulta.

Vidal recordó que el dolor es una experiencia y, en muchos casos, muy difícil de localizar. “Encontrar el dónde no es fácil, interpretamos lesión con sintomatología”, contó el anestesista, quién puntualizó que el hecho de no encontrar lesiones en las pruebas diagnósticas no significaba, ni mucho menos, que un paciente estuviera bien.

Describir el dolor no es fácil

El punto de partida para hacer un diagnóstico es creer al paciente, dijo Vidal. Cuando se le preguntó sobre la dificultad para describir un dolor, el doctor explicó que los médicos ofrecían sugerencias basadas en la gestualidad o en las patologías frecuentes, aunque luego matizó que, para llegar al diagnóstico certero, la experiencia, la capacidad del facultativo y el análisis de todas las opciones eran puntos clave para hacerse a la idea del dolor ante el que se estaba.

“Puedes ofrecer al paciente adjetivos para que interprete y pueda explicar su dolor, pero tiene que explicarlo él”.

Alfonso Vidal aseguró que uno de los aspectos para saber ante qué tipo de dolor se está es dejar que el paciente se explique con sus palabras para no correr el riesgo de detallar el dolor como tú crees que es en lugar de como es realmente. “Tienes que encontrar la manera de ayudar al paciente a describir su dolor para catalogarlo”, puntualizó, después de recordar que la experiencia y el entorno de confianza eran siempre puntos a favor en el diagnóstico.