Caminar a buen ritmo reduce el riesgo de muerte por cualquier causa, incluido el riesgo de muerte cardiovascular. Lo dice un estudio internacional en el que participan investigadores de la Universidad de Sidney (Australia), la Universidad de Edimburgo (Reina Unido), la Universidad de Limerick (Irlanda) y la Universidad de Ulster (Irlanda del Norte). Se ha publicado en British Journal of Sports Medicine, una de las revistas especializadas en Medicina Deportiva de mayor impacto.

Tal y como recuerdan los autores, la literatura científica demuestra que caminar regularmente genera beneficios para la salud física, mental y social. Además, el ritmo en el que se camina se ha asociado con una disminución del riesgo de muerte; sin embargo, no se ha estudiado si dicho ritmo afecta a la mortalidad de manera independiente a la cantidad de actividad física o la intensidad de la misma.

Para indagar en ese aspecto, se analizaron datos de más de 50.000 habitantes de Inglaterra y Escocia extraídos de encuestas de población realizadas entre 1994 y 2008. Entre los 49.731 participantes que no habían experimentado ningún evento cardiovascular durante los 2 primeros años de seguimiento, caminar a un ritmo promedio enérgico/rápido se asoció con un menor riesgo de muerte por cualquier causa y cardiovascular en comparación con quienes caminaban a ritmo lento.

El estudio demostró interacción estadísticamente significativa entre el ritmo de la marcha y el volumen total de actividad física, así como entre el ritmo de la marcha y la intensidad más alta alcanzada. También se encontró una relación significativa entre el ritmo en que se camina y la edad; algo que no ocurre con el sexo y el índice de masa corporal (IMC).

De acuerdo con los autores, los datos obtenidos confirman que caminar beneficia a la salud y que aumentar el ritmo podría reducir el riesgo de mortalidad por todas las causas, incluida la cardiovascular. En ese sentido, consideran que las campañas de salud pública deberían hacer hincapié en la velocidad de la marcha, sobre todo cuando no es factible aumentar el volumen o la frecuencia de la actividad.