Daniel López López, científico de mencionada universidad, señaló que en esta etapa de la vida se producían cambios en la morfología del pie que tenían relación con el aumento de su anchura y longitud, así como con el tejido adiposo, la tolerancia al dolor o la pérdida de masa muscular en los pies.

El estudio de López ha sido publicado en Revista da Associação Médica Brasileira por ser la primera vez que se profundizaba cómo afectaba la elección del calzado en la salud de la tercera edad. El científico insiste en el estudio en que una mala elección de los zapatos, unido a enfermedades crónicas, incrementa entre un 71 y un 87% los problemas en los pies de los ancianos.

En la investigación participaron un grupo de voluntarios con una media de 80 años de la Clínica Universitaria de Podología de la Universidad de A Coruña. Las conclusiones señalan que los ancianos se calzan mal y esto repercute en su calidad de vida. Los problemas más habituales son: deformidades, queratosis plantar, juanetes o alteraciones en las uñas.

“Esto conduce a la cronicidad del dolor, infecciones, limitación de la movilidad al caminar, angustia, apatía, perturbación social o cambios en la distribución de las presiones en los pies relacionadas con pérdida de equilibrio y caídas”, afirmó López.

Las recomendaciones del experto son “zapatos de horma ancha, con un sistema de ajustes con correas o velcros, suelas de goma para evitar resbalones y caídas y, que, a su vez, pueda reducirse el impacto en las articulaciones y la presión al caminar”. Además, señaló, no hay que dejar de hacerse revisiones periódicas para evitar el deterioro en la calidad de vida.