El estudio se elaboró con 917 mujeres adultas de 24 centros catalanes durante el año 2008 que tenían problemas de salud reproductiva y sexual.  Todas ellas pasaron una encuesta. 344 mujeres reconocieron haber tenido abuso sexual de pequeñas o en la pubertad; 488 aseguraron que las habían obligado a tocar o habían recibido tocamientos; y 428 dijeron que su abuso sexual había consistido en la penetración a la fuerza o intentos de penetración.

Las disfunciones derivadas del abuso sexual más habituales fueron: trastorno del deseo y de la excitación, vaginismo, dispareunia o rechazo. Estas mujeres tenían menos deseo sexual, menos excitación y se sentían, según la agencia SINC, menos satisfechas con las relaciones sexuales.

Entre los datos más destacados se encuentra que un 29% de las participantes no había tenido un orgasmo en el último año; un 20% sufría dolor en las relaciones sexuales; y un 19% rechazaba siempre o casi siempre el sexo. Por lo general, la satisfacción en las relaciones de pareja y el deseo sexual de las víctimas de abuso sexual es más baja si su agresor no era un desconocido.

La investigación profundiza en las relaciones afectivas de las mujeres en general, y dice que un 74,0% asegura confiar en su pareja, mientras que un 63,9% afirma mantener una comunicación fluida con su pareja. En las mujeres que han sido víctimas de abusos sexuales, la satisfacción con las relaciones es menor, al igual que la confianza y satisfacción, pese a que no hay estadísticas que lo avalen.

Las autoras de este estudio consideran que la alta prevalencia del abuso sexual en la edad pediátrica y cómo afecta este a la salud reproductiva y sexual indican la necesidad de profundizar en los abusos sexuales en las terapias de pareja a las que se acuden en la edad adulta.