El azúcar de los alimentos procesados aumenta la fragilidad de las personas mayores. Esta es la conclusión a la que ha llegado un estudio coordinado por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) que advierte que este aumento del riesgo de fragilidad provoca que también crezca el número de caídas y que haya una mayor discapacidad, institucionalización y muerte prematura.

Según indica la agencia SINC, que se ha hecho eco del estudio, los resultados se basan en una muestra de casi 2.000 personas mayores de 60 años. Concretamente, el equipo de investigadores de la UAM ha analizado la relación que existe entre el azúcar de los alimentos procesados y el desarrollo de fragilidad en personas mayores. Las conclusiones de este trabajo se han publicado en The American Journal of Clinical Nutrition.

Martín Laclaustra, investigador de la Fundación Aragón Investigación y Desarrollo, ha explicado a SINC que “el síndrome de fragilidad asociado a la edad es una condición que resulta de la pérdida de reserva funcional, y que tiene entre sus fundamentos fisipatológicos la sarcopenia. La fragilidad se expresa con un mayor número de caídas, más discapacidad, institucionalización y muerte prematura”, añade.

Este estudio sobre el efecto del azúcar de los alimentos procesados en el desarrollo de la fragilidad se ha llevado a cabo porque este síndrome ha despertado mucho interés en las últimas décadas debido a que se asocia a ciertas características fáciles de detectar; a que es muy prevalente entre los adultos mayores y porque se considera fácilmente reversible mediante hábitos de vida saludable.

Los investigadores de la UAM consideran frágil a aquel participante que presenta al menos 3 de los siguientes criterios: cansancio, baja actividad física, lentitud al caminar, pérdida de peso no intencional y debilidad muscular. Estudios anteriores habían relacionado el consumo dietético de bebidas azucaradas y de azúcares añadidos con mayor frecuencia de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares.

Sin embargo, se desconocía el papel del azúcar de los alimentos procesados en la aparición de este síndrome. El consumo de este tipo de azucares se ha conocido gracias a encuestas dietéticas realizadas entre 2008 y 2010. Posteriormente se ha comprobado que quienes más consumían tenían más probabilidad de desarrollar el síndrome de fragilidad.

En concreto, los resultados de este estudio muestran que los participantes que consumían más de 36 gramos al día de azucares añadidos desarrollaban el síndrome de fragilidad con mayor frecuencia –más del doble (2,27)– que aquellos que consumían menos de 15 gramos al día, indica la agencia SINC.

Según concluyen los investigadores, estos resultados son importantes en materia de salud pública ya que muchos ancianos podrían beneficiarse de una mejora en su dieta a partir de una medida sencilla, como presenta este estudio: la reducción del consumo de alimentos procesados.