Según cifras de la universidad, en las últimas décadas las patologías inflamatorias como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa han aumentado en occidente. Aunque estas dolencias se deben, en gran medida, a factores genéticos, el profesor de gastroenterología y hepatología, Gerhard Rogler, pone el foco de atención en causas ambientales como el estilo de vida. En concreto, sostiene, la nutrición desempeñaría un papel fundamental.

Al estudiar el efecto de estas nanopartículas de dióxido de titanio en cultivos celulares, Rogler y su equipo concluyeron que el pigmento era capaz de penetrar las células epiteliales intestinales y acumularse allí. Tal como recoge la revista Gut, el inflamasoma interpretaba la presencia de las nanopartículas como una señal de peligro y desencadenaba la reacción inflamatoria.

Tras este experimento, administraron dióxido de titanio por vía oral a modelos de ratón con la mucosa intestinal dañadaprovocando la activación del complejo NLRP3 y la exacerbación de la patología. Aunque este proceso puede formar cristales de ácido úrico que desemboquen en gota, en este caso los cristales de dióxido de titanio se acumularon en el bazo de los animales.

Además, matiza en investigador, “los pacientes con colitis ulcerosa tienen una concentración aumentada de dióxido de titanio en sangre, lo que demuestra que estas nanopartículas pueden ser absorbidas de los alimentos en ciertas condiciones de la enfermedad”. Teniendo en cuenta que, “dióxido de titanio, una de las nanopartículas más producidas en todo el mundo y que se utiliza, cada vez más, en productos alimenticios”, Rogler recomienda a los pacientes con una disfunción de la barrera intestinal “abstenerse de este tipo de consumo”.